Cientos de personas acompañaron el funeral del trabajador humanitario Mohammad al-Waheidi, un alto responsable de la principal organización egipcia de ayuda humanitaria en el enclave palestino, quien fue asesinado el martes en un ataque aéreo israelí contra el taxi en el que viajaba en el barrio de Sabra, en Gaza. En el mismo ataque murieron otras tres personas, entre ellas dos hermanos de apenas 8 y 10 años que transitaban por la zona. El bombardeo ocurrió a pesar del alto el fuego que, aunque redujo la intensidad de los combates, no ha conseguido poner fin a los ataques que continúan cobrando vidas civiles.
La muerte de Waheidi ha generado una profunda conmoción entre la población gazatí. Más allá de su labor logística para la agencia humanitaria respaldada por Egipto, era conocido por impulsar iniciativas destinadas a ofrecer momentos de alivio psicológico a una población devastada por más de dos años de genocidio. Entre ellas destacaban las proyecciones públicas de la Copa Mundial de la FIFA, que reunían a miles de personas desplazadas en campamentos y refugios improvisados para compartir, aunque fuera por unas horas, una experiencia colectiva alejada del horror cotidiano.
Su muerte reabre el debate sobre la protección del personal humanitario en conflictos armados y sobre el impacto que tienen los ataques contra quienes sostienen las pocas redes de asistencia que permanecen activas en Gaza. Mientras Israel sostiene que el objetivo era un supuesto integrante de Hamás cuya identidad no ha hecho pública, organizaciones palestinas denuncian que las víctimas conocidas eran civiles y trabajadores vinculados a labores humanitarias.
Un trabajador humanitario convertido en símbolo de esperanza
En un territorio donde casi toda la población ha sido desplazada en repetidas ocasiones y la vida cotidiana transcurre entre tiendas de campaña, edificios destruidos y escasez de alimentos, agua y medicamentos, cualquier iniciativa destinada a aliviar el sufrimiento adquiere un valor extraordinario.
Mohammad al-Waheidi desempeñaba funciones logísticas dentro del comité egipcio de ayuda para Gaza, considerado uno de los principales canales de asistencia humanitaria que ingresan al enclave. Su trabajo consistía en coordinar la distribución de ayuda y facilitar actividades comunitarias para quienes habían perdido prácticamente todo.
Las proyecciones de los partidos del Mundial se convirtieron en uno de esos escasos espacios de normalidad. Miles de palestinos siguieron especialmente el recorrido de la selección de Egipto, que despertó un fuerte sentimiento de identificación antes de ser eliminada por Argentina en los octavos de final. En medio de la destrucción, aquellas pantallas gigantes ofrecían un breve respiro emocional para niños, familias desplazadas y personas que sobreviven desde hace meses bajo constantes amenazas.
«Mi padre trabajó duro para brindar algo de entretenimiento a la gente, a los desplazados, a nosotros y a todos los que sufren en Gaza. Intentó llevar los partidos cerca de sus tiendas de campaña y refugios destruidos», expresó su hijo, Fawaz al-Waheidi, al recordar la vocación humanitaria de su padre.
Ataques contra civiles y trabajadores humanitarios bajo escrutinio internacional
El Ejército israelí afirmó haber atacado a un supuesto integrante de Hamás y reconoció tener conocimiento de denuncias sobre víctimas adicionales, aunque no identificó al presunto objetivo militar ni respondió a cuestionamientos sobre las circunstancias específicas del ataque.
Por su parte, el Centro Palestino para los Derechos Humanos identificó a la cuarta víctima mortal como Ahmed Jehad Rajab Doghmosh, de 30 años, quien también viajaba en el vehículo. Hasta el momento, ninguna organización armada palestina ha reivindicado la pertenencia de las personas fallecidas.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa una preocupación reiterada por organismos internacionales: la obligación de distinguir entre objetivos militares y población civil, así como la necesidad de adoptar todas las precauciones posibles para evitar daños desproporcionados durante operaciones militares. El derecho internacional humanitario establece que el personal dedicado a labores de asistencia debe ser protegido, ya que desempeña un papel esencial para garantizar la supervivencia de la población civil durante los conflictos armados.
Las denuncias sobre la muerte de trabajadores humanitarios se han multiplicado desde el inicio de los ataques israelíes. Cientos de trabajadores humanitarios han sido asesinados por ataques israelíes en Gaza. Diversas organizaciones internacionales han advertido que los ataques contra quienes distribuyen alimentos, medicamentos y otros suministros básicos comprometen aún más una crisis humanitaria que ya figura entre las más graves del mundo.
Egipto mantiene su papel como actor clave en la ayuda y la mediación
La muerte de Waheidi también tiene implicaciones diplomáticas. Fuentes de seguridad egipcias señalaron que un alto funcionario de El Cairo trasladó formalmente a Israel su rechazo por el asesinato del trabajador humanitario y manifestó preocupación por cualquier acción que obstaculice las labores del comité egipcio de ayuda.
Egipto ha desempeñado durante décadas un papel central en las negociaciones entre Israel y las distintas facciones palestinas. Junto con Qatar, Turquía y Estados Unidos, participó en la mediación que permitió alcanzar el alto el fuego vigente desde octubre del año pasado.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno evidencia la fragilidad de ese acuerdo. Aunque redujo las operaciones militares de gran escala, los ataques no han cesado completamente. Desde su entrada en vigor, más de mil palestinos han muerto en ataques militares israelíes.
La historia de Mohammad al-Waheidi refleja una dimensión frecuentemente invisibilizada de los conflictos armados: la vulnerabilidad de quienes trabajan para mantener con vida a las comunidades afectadas. Su labor no consistía únicamente en organizar la llegada de suministros, sino también en preservar la dignidad de personas que sobreviven en condiciones extremas.
El funeral de Mohammad al-Waheidi fue también una manifestación colectiva de gratitud hacia quienes, incluso bajo las bombas, deciden dedicar su vida a ayudar a otros
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