Siete formas en que la crisis del agua en Gaza está afectando a las mujeres palestinas

Crisis del agua en Gaza deja a millones sin acceso a agua potable y profundiza la vulnerabilidad de mujeres y niñas palestinas
Crisis del agua en Gaza deja a millones sin acceso a agua potable y profundiza la vulnerabilidad de mujeres y niñas palestinas

La crisis del agua en Gaza se ha convertido en una de las consecuencias más devastadoras de la guerra, genocidio y el bloqueo que atraviesa la Franja desde octubre de 2023. La destrucción de los sistemas de agua, saneamiento e higiene (WASH) por los ataques israelíes y las restricciones al ingreso de suministros esenciales han dejado a millones de palestinos sin acceso suficiente a agua potable, afectando de manera desproporcionada a mujeres y niñas desplazadas en Gaza.

Aunque toda la población se ve afectada por esta crisis, sus consecuencias no impactan a todas las personas por igual. Un informe de Oxfam, basado en testimonios de 21 mujeres y niñas, documenta cómo la falta de agua ha profundizado las desigualdades de género, incrementando los riesgos sanitarios, la violencia y las cargas de cuidado que históricamente recaen sobre ellas.

La emergencia provocada por la crisis del agua en Gaza no representa únicamente un colapso de infraestructura, sino una vulneración directa de derechos humanos fundamentales. El acceso al agua potable y al saneamiento está reconocido por Naciones Unidas como un derecho indispensable para la vida digna; sin embargo, en Gaza, este derecho se ha reducido a una lucha cotidiana por conseguir apenas unos litros de agua para beber, cocinar, limpiar o mantener la higiene personal.

Crisis del agua en Gaza: el colapso de la infraestructura hídrica como emergencia humanitaria

La crisis del agua en Gaza ocurre dentro de un contexto histórico marcado por décadas de ocupación, bloqueo y restricciones sobre recursos esenciales. Desde el inicio de los ataques israelíes en octubre de 2023, instalaciones de abastecimiento, plantas de tratamiento, redes de distribución y sistemas de saneamiento han sufrido graves daños, dejando a la población civil en una situación de extrema vulnerabilidad.

La destrucción de la infraestructura WASH ha provocado que miles de familias dependan de puntos de distribución, camiones cisterna o fuentes alternativas de agua que, en muchos casos, no cuentan con condiciones adecuadas de seguridad sanitaria.

Organizaciones humanitarias han advertido que la reducción del suministro de agua ha obligado a muchas familias palestinas a sobrevivir con cantidades muy inferiores a los estándares mínimos internacionales. En algunos casos, las personas reciben entre tres y seis litros diarios por individuo, una cantidad insuficiente para cubrir necesidades básicas como hidratación, preparación de alimentos, limpieza y aseo personal.

Mujer palestina reutiliza agua en Gaza ante la crisis del agua y la escasez de recursos básicos provocada por la emergencia humanitaria.
Mujer palestina reutiliza agua en Gaza ante la crisis del agua y la escasez de recursos básicos.

Esta situación tiene consecuencias sanitarias profundas. La escasez de agua limpia favorece la propagación de enfermedades como infecciones cutáneas, diarreas, escabiosis y otros padecimientos relacionados con condiciones insalubres. Niños, mujeres embarazadas, personas mayores y personas con discapacidad enfrentan riesgos particularmente elevados debido a sus necesidades específicas.

El colapso del sistema hídrico demuestra que los conflictos armados no solo destruyen viviendas o infraestructura militar, sino también las condiciones básicas que permiten la supervivencia de una sociedad. En Gaza, actividades cotidianas como beber agua, lavar ropa o cuidar a un bebé se han convertido en desafíos constantes.

Mujeres palestinas: entre la búsqueda de agua y la violencia de género

Para las mujeres palestinas, la crisis hídrica tiene una dimensión de género que suele permanecer invisibilizada. Debido a los roles tradicionales de cuidado asignados principalmente a ellas, son quienes con mayor frecuencia deben administrar los escasos recursos disponibles, buscar agua, limpiar los refugios y atender a familiares enfermos o menores en condiciones extremas.

Muchas mujeres recorren largas distancias y esperan durante horas en puntos de distribución de agua, cargando recipientes pesados mientras enfrentan agotamiento físico, estrés psicológico y riesgos de acoso o violencia. La búsqueda de agua, una tarea esencial para la supervivencia, se transforma así en una experiencia marcada por la inseguridad y la exposición.

“Cada vez que cargo un bidón de agua siento que llevo el peso del miedo y la humillación junto con el agua”, relató una mujer entrevistada por Oxfam al describir las dificultades diarias para conseguir recursos básicos.

Las mujeres embarazadas y lactantes enfrentan una situación especialmente crítica. La falta de agua suficiente afecta su hidratación, higiene y salud materna, mientras que las madres tienen mayores dificultades para mantener limpios los utensilios de alimentación infantil, la ropa de sus bebés y los espacios donde viven.

Joven palestina observa sus pocos productos de higiene en Gaza mientras enfrenta la escasez de recursos básicos durante la crisis humanitaria.
Joven palestina observa sus pocos productos de higiene en Gaza

La falta de acceso al agua también afecta la salud menstrual. La escasez de agua limpia, productos de higiene y espacios privados obliga a muchas adolescentes y mujeres a recurrir a métodos improvisados, aumentando el riesgo de infecciones y generando sentimientos de vergüenza, ansiedad y aislamiento.

Viudas, adultas mayores y mujeres con discapacidad: una vulnerabilidad multiplicada

Los hogares encabezados por mujeres enfrentan obstáculos adicionales en medio del colapso humanitario. Viudas y mujeres responsables de sus familias deben gestionar la obtención de agua sin redes de apoyo suficientes, mientras sus hijas menores pueden verse obligadas a asumir tareas que corresponden a los adultos, exponiéndose a peligros y perdiendo oportunidades educativas.

Entre los testimonios incluidos en el informe, las hijas menores también participan en la búsqueda de agua, aumentando su exposición a riesgos y reduciendo sus oportunidades de estudiar, descansar o simplemente vivir su infancia.

La falta de infraestructura adaptada también afecta gravemente a mujeres mayores y personas con discapacidad. Los servicios sanitarios improvisados rara vez consideran sus necesidades de movilidad o asistencia, obligándolas en algunos casos a retrasar durante días actividades básicas como bañarse o cambiarse de ropa.

Esta realidad demuestra que las crisis humanitarias no afectan a todas las personas por igual. La edad, el género, la discapacidad y la situación familiar determinan quién puede acceder con mayor facilidad a recursos indispensables y quién queda relegado a mayores niveles de sufrimiento.

Por ello, cualquier respuesta humanitaria debe incorporar una perspectiva de género que considere las necesidades específicas de mujeres, niñas, personas mayores y personas con discapacidad.

Resistencia comunitaria frente al abandono internacional

A pesar de la devastación, las mujeres palestinas han desarrollado estrategias colectivas para sobrevivir. Organizan redes comunitarias, comparten recursos, reutilizan agua cuando es posible y buscan proteger a sus familias en medio de una emergencia prolongada.

Estas acciones reflejan una capacidad de resistencia que, sin embargo, no debe utilizarse como sustituto de una respuesta internacional efectiva. La responsabilidad de garantizar condiciones dignas de vida corresponde a los actores con capacidad de intervención y protección de la población civil.

Las organizaciones humanitarias han señalado que la solución no puede limitarse a la ayuda de emergencia temporal. La reconstrucción del sistema WASH requiere garantizar el acceso permanente al agua potable, reparar infraestructura destruida, proteger a la población civil y permitir la participación activa de mujeres en los procesos de recuperación.

Una respuesta basada en derechos humanos debe reconocer que el agua no es un privilegio ni una herramienta de presión política, sino una condición esencial para la vida.

El agua como símbolo de una crisis de derechos humanos

La crisis del agua en Gaza evidencia cómo la destrucción de servicios esenciales puede convertirse en una forma de violencia que afecta especialmente a quienes ya enfrentan mayores desigualdades. Las mujeres palestinas no solo sobreviven a los efectos de la guerra y genocidio, sino que cargan con una responsabilidad adicional: sostener la vida cotidiana en medio del colapso.

Garantizar agua segura, saneamiento digno y protección para mujeres y niñas debe ser una prioridad internacional inmediata. La comunidad global no puede limitarse a contabilizar daños mientras millones de personas pierden acceso a necesidades básicas.

La reconstrucción de Gaza exige una respuesta humanitaria basada en derechos humanos, justicia y rendición de cuentas. Mientras el acceso al agua continúe condicionado por la destrucción y las restricciones, la población palestina seguirá enfrentando una emergencia que amenaza no solo su bienestar físico, sino también su dignidad y su futuro.

Cuando el agua deja de llegar. También desaparecen otros derechos. El acceso al agua potable es un derecho humano. Privar deliberadamente a la población civil de ese derecho destruye su salud, su dignidad y sus posibilidades de sobrevivir. Esto es un crimen de guerra.

Para más información sobre el genocidio en Gaza y sus consecuencias humanitarias, da click aquí.

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