Protestas en Seúl rechazan un posible despliegue militar en Ormuz ante la presión de Washington para intervenir en la guerra con Irán.
Protestas en Seúl rechazan un posible despliegue militar en Ormuz ante la presión de Washington para intervenir en la guerra con Irán.

Este 8 y 9 de septiembre estallaron nuevas protestas en Seúl contra un posible despliegue de tropas surcoreanas en el estratégico estrecho de Ormuz, en medio de la presión ejercida por Estados Unidos sobre el gobierno de Lee Jae-myung para que contribuya a las operaciones destinadas a garantizar la navegación en esta ruta marítima. Decenas de manifestantes se concentraron frente al complejo de la embajada estadounidense y en las inmediaciones del Centro Sejong para las Artes Escénicas, donde expresaron su rechazo a cualquier participación de Corea del Sur en la guerra entre Estados Unidos e Irán y cuestionaron que jóvenes surcoreanos puedan ser involucrados en un conflicto situado a miles de kilómetros de la península.

Las movilizaciones se producen mientras Seúl evalúa sus opciones militares y diplomáticas sin haber tomado una decisión definitiva. El Ministerio de Defensa surcoreano confirmó el envío de una misión de investigación a Emiratos Árabes Unidos para evaluar las condiciones de seguridad en torno al estrecho de Ormuz, aunque aclaró que esta iniciativa no implica necesariamente un futuro despliegue militar, mientras el gobierno analiza posibles formas de contribuir a la seguridad marítima de una ruta fundamental para el suministro energético del país.

La presión de Washington coloca a Seúl ante una decisión de alto riesgo

La presión de Washington coloca a Seúl ante una decisión que trasciende la seguridad marítima, debido a la estrecha relación militar y estratégica que mantiene con Estados Unidos desde la Guerra de Corea y que se consolidó con el Tratado de Defensa Mutua de 1953 y décadas de cooperación. En 2026, sin embargo, esta alianza atraviesa una etapa de tensión, ya que la administración de Donald Trump ha cuestionado la reticencia surcoreana a involucrarse en la guerra contra Irán y, en agosto, redujo los ejercicios militares conjuntos mientras aumentaba la presión para que Seúl asumiera algún papel en la seguridad del estrecho de Ormuz. El gobierno surcoreano, por su parte, ha negado que Washington haya establecido un ultimátum o una fecha límite para tomar una decisión.

Manifestantes surcoreanos protestan contra el envío de tropas enfrente de la embajada de Estados Unidos. AFP
Manifestantes surcoreanos protestan contra el envío de tropas enfrente de la embajada de Estados Unidos. AFP

A esta presión estratégica se suma una dimensión energética, puesto que el estrecho de Ormuz es una ruta fundamental para el comercio mundial de petróleo y gas y más del 60 % de las importaciones surcoreanas de crudo dependen de esa zona. Por ello, Seúl enfrenta un dilema cada vez más complejo, ya que contribuir a las operaciones de seguridad podría ayudar a proteger sus intereses energéticos, pero una participación militar también podría involucrar al país directamente en una confrontación con Irán que hasta ahora ha buscado evitar.

La presión también refleja el creciente malestar de Donald Trump y de miembros de su gabinete con la respuesta de sus aliados frente al conflicto con Irán, ya que Washington considera insuficiente el respaldo ofrecido hasta ahora. Trump ha cuestionado públicamente la disposición de los países de la OTAN a involucrarse en la seguridad del estrecho de Ormuz y ha criticado en particular a Japón y Corea del Sur por no proporcionar mayor apoyo militar a la campaña estadounidense, mientras su administración insiste en que los aliados deben asumir una mayor parte de la carga en el conflicto.

Protestas en Seúl: “no podemos enviar a nuestros jóvenes a un mar de muerte”

La respuesta social en las protestas en Seúl evidencia que una parte de la población surcoreana rechaza que la dependencia energética pueda convertirse en una justificación automática para participar en una guerra. Durante la protesta, unas 60 personas, según estimaciones de AFP, corearon “¡No podemos enviar a nuestros jóvenes a un mar de muerte!”, mientras organizaciones civiles y pacifistas reclamaron al gobierno no ceder ante las exigencias de Washington y advirtieron sobre las consecuencias de una eventual intervención.

“Enviar a nuestras tropas a una guerra ilegal librada por Estados Unidos es inaceptable.”
—Choi Young-ok, integrante de Solidaridad Coreana por la Paz, la Soberanía y la Reunificación.

Los manifestantes sostienen que una misión presentada como defensiva podría terminar facilitando las operaciones militares de una de las partes, especialmente porque tareas como escoltar embarcaciones, realizar labores de desminado o brindar apoyo logístico pueden quedar estrechamente vinculadas a las operaciones de combate en un escenario de guerra. A esta preocupación se suma la advertencia de Irán, que ha señalado que cualquier presencia militar surcoreana en el Golfo sería interpretada como apoyo directo a la agresión estadounidense y tendría “graves consecuencias”, lo que eleva los riesgos tanto para las fuerzas que eventualmente sean desplegadas como para los intereses de Corea del Sur en la región.

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