La red internacional de ‘Sacerdotes contra el genocidio (Preti contro il genocidio)’ marcharon el 22 de septiembre de 2026 por las calles de Roma para exigir el fin de los ataques israelíes contra Gaza y denunciar la violencia contra la población civil palestina y libanesa. La movilización reunió a sacerdotes, monjas, obispos y otros integrantes de órdenes religiosas, quienes recorrieron las inmediaciones del Vaticano y llegaron hasta la sede de Leonardo, empresa italiana vinculada con la industria de defensa.
Durante la protesta, las personas participantes llevaron ramas de olivo, pañuelos palestinos y un gran sudario con los nombres de 300 niñas y niños palestinos y libaneses que murieron después de los ‘ceses del fuego’ en Gaza y Líbano. La marcha buscó vincular la defensa de la paz con una denuncia sobre el impacto de las armas y las responsabilidades políticas relacionadas con su producción y utilización.
Una red católica contra la violencia en Gaza
La red Preti contro il genocidio surgió en 2025 a partir de un manifiesto que llamaba a denunciar la violencia contra la población palestina y defender el derecho internacional. Según sus organizadores, actualmente reúne a más de 2 mil 500 sacerdotes de cinco continentes, además de obispos y cardenales que han expresado su respaldo a la iniciativa.
El colectivo sostiene que su propósito no es fomentar el odio ni promover el antisemitismo, sino impulsar una respuesta de las comunidades católicas ante el sufrimiento de la población civil. Su manifiesto plantea una paz sin armas, investigaciones independientes sobre los crímenes cometidos durante el conflicto y el reconocimiento de responsabilidades políticas y militares.
“La neutralidad no puede convertirse en equidistancia.”
— Rito Maresca, sacerdote e integrante de Preti contro il genocidio.
La postura de la red también evidencia una discusión dentro de la propia Iglesia Católica, ya que sus integrantes emplean abiertamente el término genocidio, mientras que la Santa Sede ha mantenido mayor cautela respecto a esa calificación.
Gaza y el debate sobre el genocidio
En diciembre de 2023, Sudáfrica presentó una demanda contra Israel bajo la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y, en enero de 2024, la Corte ordenó medidas provisionales destinadas a prevenir actos contemplados por dicha Convención y garantizar el acceso de ayuda humanitaria.
Aunque la Iglesia Católica no ha adoptado oficialmente la palabra para describir la situación en Gaza, distintos representantes e instituciones católicas han denunciado reiteradamente el impacto de las operaciones militares sobre la población civil. La red de sacerdotes, por su parte, considera que la gravedad de los hechos exige utilizar un lenguaje más contundente y reclamar investigaciones que determinen responsabilidades.
Esta diferencia muestra que la denuncia de la violencia en Gaza no constituye una posición completamente uniforme dentro del catolicismo. Mientras la diplomacia vaticana mantiene canales institucionales, sectores de las comunidades religiosas han optado por una movilización pública que cuestiona directamente las estructuras políticas y económicas relacionadas con el conflicto.
Del Vaticano a la industria armamentística
La decisión de terminar la marcha frente a Leonardo añadió una dimensión política a la protesta, pues permitió señalar que la discusión sobre la guerra no puede limitarse a quienes disparan las armas, sino que también debe considerar las empresas y Estados involucrados en su fabricación y suministro.
Entre las personas participantes estuvieron religiosos de distintos países y varios obispos, mientras que la movilización también recordó la situación de las comunidades cristianas palestinas, incluida la población de Taybeh, en Cisjordania, que ha denunciado ataques de colonos israelíes.
La presencia de sacerdotes y monjas en las calles de Roma refleja, además, una preocupación que trasciende las diferencias religiosas y políticas: la protección de la población civil frente a la violencia armada. En ese sentido, el sudario con los nombres de niñas y niños asesinados convirtió una cifra de víctimas en una memoria concreta y colectiva.
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