Camiones humanitarios del Programa Mundial de Alimentos (PMA) fueron atacados el 3 de octubre en Kordofán del Sur, Sudán, mientras trasladaban alimentos y suministros desde Dilling hacia Kadugli, en medio de la intensificación de los combates entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). Uno de los conductores murió y los vehículos, claramente identificados como parte de una operación humanitaria, fueron atacados durante el trayecto.
El PMA no identificó a los responsables y pidió una investigación rápida e imparcial que permita esclarecer los hechos y garantizar que quienes realizaron el ataque rindan cuentas. El episodio ocurrió apenas un mes después de otro ataque contra un convoy de la agencia cerca de Dilling, donde una persona murió y dos resultaron heridas.
La violencia contra las operaciones de asistencia ocurre mientras millones de personas enfrentan hambre, desplazamiento y la destrucción de infraestructura básica. Según el PMA, 17 camiones de alimentos han sido destruidos y ocho conductores asesinados durante los últimos dos años mientras transportaban ayuda en Sudán.
“Los camiones humanitarios no deberían ser un objetivo. Los trabajadores humanitarios deben poder llegar con la ayuda a quienes la necesitan.”
— Programa Mundial de Alimentos
Kordofán, una nueva zona crítica de la guerra
El ataque se produce en una región donde los enfrentamientos se han intensificado durante los últimos meses. Kordofán tiene una importancia estratégica porque conecta distintas zonas del país y sus carreteras son fundamentales para transportar alimentos y otros suministros hacia comunidades afectadas por el conflicto.
La guerra comenzó el 15 de abril de 2023, cuando las SAF y las RSF se enfrentaron en Jartum tras meses de tensiones relacionadas con la disputa por el poder y el futuro de las fuerzas paramilitares dentro del aparato militar del país. Desde entonces, los combates se extendieron a otras regiones y provocaron una de las mayores crisis humanitarias y de desplazamiento forzado del mundo.
En Darfur, las RSF y grupos aliados han sido señalados por graves violaciones contra la población civil, incluidos asesinatos masivos, violencia sexual y persecución étnica. Las SAF también han sido acusadas de ataques indiscriminados y otras violaciones del derecho internacional humanitario. En este escenario, la población civil permanece atrapada entre fuerzas armadas que han demostrado una capacidad devastadora para afectar sus condiciones de vida.
Atacar camiones humanitarios agrava una crisis que ya amenaza la supervivencia
Cuando un convoy humanitario es atacado, las consecuencias van más allá de los vehículos destruidos o de las personas asesinadas. Cada ruta interrumpida puede retrasar alimentos destinados a comunidades que dependen de la asistencia para sobrevivir, especialmente en zonas donde los mercados, hospitales y servicios básicos han quedado destruidos o son inaccesibles.
Los trabajadores humanitarios tampoco deberían convertirse en víctimas de una guerra que no les pertenece. El derecho internacional humanitario establece obligaciones destinadas a proteger a la población civil y facilitar las operaciones de asistencia, por lo que los ataques contra convoyes deben ser investigados y, cuando corresponda, sancionados.
La repetición de estos hechos también evidencia los límites de una respuesta internacional que no logra garantizar condiciones mínimas para entregar ayuda. No basta con enviar alimentos si quienes los transportan son asesinados y las rutas son convertidas en zonas de combate.
Sudán necesita acceso humanitario seguro, protección para la población civil y mecanismos efectivos para investigar las violaciones cometidas por todas las partes. Frente a una guerra que ha convertido el hambre y el desplazamiento en parte de la vida cotidiana, la pregunta es inevitable: ¿cuántos camiones más tendrán que ser destruidos antes de que proteger la ayuda humanitaria sea una prioridad internacional?
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