Una estudiante de Tuvalu pide a los líderes mundiales proteger su isla del aumento del nivel del mar

Estudiante de Tuvalu advierte sobre el futuro de las nuevas generaciones ante líderes mundiales.
Melelusi Sokotia, estudiante de Tuvalu advierte sobre el futuro de las nuevas generaciones ante líderes mundiales.

Melelusi Sokotia, una estudiante de Tuvalu y representante estudiantil de la Escuela Primaria Nauti, en Funafuti, Tuvalu, pidió a los líderes internacionales reunidos en una cumbre preparatoria para la COP31 que actúen contra la crisis climática y protejan el futuro de su país, amenazado por el aumento del nivel del mar.

«No pedimos lástima, pedimos ayuda», expresó la joven de 13 años, quien recordó que sus amistades sueñan con convertirse en profesionistas, pero también se preguntan si su país seguirá siendo habitable cuando lleguen a la edad adulta. Su discurso, celebrado en redes sociales, exigió responsabilidades a los gobiernos cuyas decisiones climáticas afectan el futuro de comunidades que apenas han contribuido al calentamiento global.

Las niñas reclaman un futuro seguro: discurso de la estudiante de Tuvalu

El aumento del nivel del mar amenaza los derechos humanos

TTuvalu está formado por islas coralinas y atolones cuya elevación media ronda los dos metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en uno de los países más vulnerables al cambio climático. El aumento del nivel del océano, las inundaciones costeras y las marejadas amenazan las viviendas, los cultivos y las fuentes de agua potable, mientras que la salinización del suelo reduce la capacidad de producir alimentos y afecta los medios de subsistencia de la población.

Funafuti, donde se concentra una parte importante de sus habitantes, enfrenta riesgos crecientes. Las proyecciones de las autoridades climáticas de Tuvalu advierten que los daños anuales por inundaciones y marejadas podrían alcanzar los 34 millones de dólares estadounidenses en 2050 y los 63 millones en 2100. El calentamiento del océano también amenaza la pesca costera y las poblaciones de atún, fundamentales para la alimentación y la economía del país.

La crisis climática pone en riesgo el territorio, el acceso al agua, la alimentación, la vivienda y la educación, además de la continuidad de las prácticas culturales. Para las niñas y las mujeres, estas amenazas pueden profundizar las desigualdades, interrumpir sus estudios y aumentar las responsabilidades de cuidado ante la escasez de recursos y los desplazamientos.

El testimonio de la joven estudiante de Tuvalu reivindica a las niñas como sujetas políticas capaces de exigir cambios, no solo como víctimas de la emergencia climática. Su participación demuestra que quienes enfrentan las consecuencias más graves deben tener voz en las decisiones que determinarán su futuro.

«Todas compartimos un mismo sueño: crecer seguras aquí en Tuvalu».-Melelusi Sokotia, durante su llamamiento a los líderes internacionales.

Adaptación y financiamiento sin nuevas deudas

Tuvalu impulsa proyectos de adaptación costera, entre ellos una iniciativa para ampliar el atolón mediante arena y grava extraídas de su laguna. Sin embargo, estas obras no sustituyen la reducción de emisiones, por lo que las comunidades insulares seguirán expuestas a riesgos crecientes mientras avance el calentamiento global.

El primer ministro, Feleti Teo, ha reclamado un acceso más rápido al financiamiento climático internacional y cuestionado que los países más vulnerables deban endeudarse para afrontar una crisis a la que han contribuido muy poco.

«¿Por qué países como Tuvalu deberían endeudarse más para protegerse de una crisis climática que apenas contribuimos a provocar?», cuestionó el mandatario.

Los países con menos recursos y menor responsabilidad histórica en las emisiones deben destinar fondos limitados a proteger a sus poblaciones, mientras que las economías más contaminantes disponen de mayores capacidades financieras. Por ello, el financiamiento climático debe priorizar subvenciones y mecanismos accesibles que no generen nuevas deudas ni comprometan los servicios públicos y el desarrollo.

La justicia climática también exige reconocer pérdidas que no pueden medirse únicamente en términos económicos, como la desaparición de territorios, los conocimientos tradicionales y los vínculos culturales. Si las condiciones ambientales obligan a una comunidad a desplazarse, sus habitantes deben conservar sus derechos y participar en las decisiones sobre su futuro.

La COP31 debe convertir las promesas en acciones

Tuvalu ha respaldado los llamamientos para abandonar progresivamente los combustibles fósiles y limitar el calentamiento global a 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales. También defiende el reconocimiento de la continuidad de su soberanía y sus derechos marítimos frente a los efectos del aumento del nivel del mar. Estas demandas exigen que los gobiernos conviertan sus compromisos en medidas concretas, reduzcan las emisiones y garanticen financiamiento suficiente para proteger a las comunidades expuestas a pérdidas territoriales y desplazamientos.

La respuesta internacional debe incorporar las voces de las niñas y las mujeres, garantizar su participación en las decisiones y reconocer su capacidad para proponer soluciones. Desde una perspectiva decolonial, esto implica cuestionar un sistema que distribuye de manera desigual los beneficios del desarrollo y sus consecuencias ambientales, trasladando los costos a comunidades con menos poder económico y político.

Melelusi Sokotia ha recordado que detrás de las cifras climáticas hay niñas y niños que merecen crecer con seguridad, estudiar y construir un futuro en sus comunidades. Su mensaje no debe reducirse a una historia emotiva que desaparezca al terminar la cumbre, sino convertirse en un llamado a exigir responsabilidades a los gobiernos. Tuvalu necesita cooperación internacional, financiamiento justo y una reducción efectiva de las emisiones para proteger su territorio y garantizar los derechos de su población.

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