Retrato de Yanar Mohammed, activista feminista iraquí y fundadora de refugios para mujeres, asesinada en Bagdad en 2026.
Yanar Mohammed, activista feminista iraquí y fundadora de la Organización para la Libertad de las Mujeres en Irak, fue asesinada en Bagdad el 2 de marzo de 2026.

La activista feminista iraquí Yanar Mohammed, fundadora de los primeros refugios para mujeres sobrevivientes de violencia en Irak, fue asesinada el 2 de marzo de 2026 por la mañana frente a su residencia en Bagdad. Dos hombres armados en motocicleta le dispararon alrededor de las 9:00 a.m. en el barrio de Al-Banoq, al norte de la capital. Tras ser trasladada a un hospital, falleció a causa de las heridas. El crimen fue confirmado por la Organization for Women’s Freedom in Iraq, la organización que ella misma fundó. Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado la autoría y las autoridades iraquíes no han emitido una declaración oficial.

Una vida dedicada a proteger a mujeres en riesgo

Yanar Mohammed, de 65 años, nació en Bagdad y creció en una familia liberal donde su madre era maestra y su padre ingeniero. A mediados de la década de 1990 emigró a Canadá, desde donde comenzó a organizarse con otras mujeres iraquíes en la diáspora. En 1998 fundó la organización Defensa de los Derechos de las Mujeres Iraquíes, que años más tarde se transformaría en la Organization for Women’s Freedom in Iraq.

Tras la invasión de Irak de 2003 liderada por Estados Unidos, Mohammed regresó a Bagdad pese a los riesgos de la guerra, financiando su retorno con años de trabajo como arquitecta. En un país marcado por la ocupación militar, la violencia sectaria y la fragilidad institucional, decidió fundar los primeros refugios para mujeres que huían de la violencia doméstica, los llamados “crímenes de honor” y la trata con fines de explotación sexual.

La red de refugios impulsada por su organización se extendió por varias ciudades del país y brindó protección a más de 1.300 mujeres, según datos de la propia ONG. En un contexto donde muchas sobrevivientes carecen de apoyo estatal y enfrentan estigmatización social, estos espacios representaron una posibilidad concreta de supervivencia, dignidad y autonomía.

Además de su labor humanitaria, Mohammed fue editora del periódico feminista Al-Mousawat (“Igualdad”) y formadora de nuevas generaciones de activistas. Recibió el Premio de los Derechos de las Mujeres de la Fundación Gruber en 2008, el Premio Rafto en 2016 y fue incluida en la lista de las 100 Mujeres de la BBC en 2018, reconocimientos que subrayan la dimensión internacional de su trabajo.

Yanar Mohammed: razón de su activismo

Desde joven, Yanar Mohammed observó cómo ciertas tradiciones podían justificar desigualdades hacia las mujeres. Cuando su abuelo, un líder religioso respetado en su comunidad, se casó con la hermana menor de su exesposa, comprendió que incluso figuras admiradas podían reproducir normas injustas. Esa experiencia despertó en ella una conciencia temprana sobre los derechos de las mujeres.

Años después, tras la invasión de Irak en 2003 y el aumento de la violencia y el poder de milicias armadas, vio cómo la vida cotidiana de las mujeres se volvía cada vez más restrictiva y peligrosa. Para Mohammed, defender los derechos de las mujeres significaba construir un camino distinto, basado en la igualdad, la democracia y un Estado laico capaz de garantizar libertades reales.

La activista también fue crítica de la ocupación estadounidense en Irak. Sostenía que ni la intervención militar extranjera ni el ascenso del islam político podían traer libertad para las mujeres. En varias ocasiones afirmó que la ocupación contribuyó a intensificar la violencia y el control social sobre sus vidas.

Organizaciones internacionales de derechos humanos también documentaron denuncias de abusos contra civiles durante los primeros años de la ocupación, incluidas agresiones sexuales, intimidación y violencia durante redadas militares en viviendas iraquíes, un contexto que agravó la vulnerabilidad de las mujeres en el país.

Amenazas, criminalización e impunidad

La trayectoria de Yanar Mohammed estuvo marcada por amenazas constantes. En 2004, el grupo islamista Jaish al-Sahaba le envió amenazas de muerte vinculadas directamente con su defensa de la igualdad de género.

A lo largo de los años también enfrentó presiones institucionales. Autoridades iraquíes intentaron cerrar su organización y cuestionaron la legalidad de los refugios que protegían a mujeres en riesgo. En medio de ese contexto, milicias armadas, estructuras religiosas conservadoras y sectores políticos coincidieron en algo: su trabajo incomodaba al poder.

Su asesinato se produce en un contexto de creciente violencia contra activistas en Irak. En 2020, la médica y defensora de derechos humanos Riham Yaqoob fue asesinada en Basora tras participar en protestas contra el gobierno. Organismos internacionales han advertido que la impunidad en estos casos alimenta un clima de riesgo permanente para quienes defienden derechos civiles y libertades fundamentales.

La Organización para la Libertad de las Mujeres en Irak condenó el crimen como “un ataque directo a la lucha feminista y a los valores de la libertad y la igualdad” y exigió que las autoridades revelen de inmediato a los responsables y garanticen justicia.

Un feminismo que desafió estructuras de poder

La labor de Yanar Mohammed no solo confrontó a grupos armados y sectores conservadores; también cuestionó estructuras estatales que han fallado en proteger a las mujeres.

En Irak, diversas organizaciones locales e internacionales han documentado el aumento de la violencia de género en los últimos años, así como la falta de marcos legales eficaces para prevenirla y sancionarla. En ese contexto, los refugios impulsados por Mohammed se convirtieron en uno de los pocos espacios de protección real para mujeres que intentaban escapar de la violencia.

Su trabajo evidenció cómo los conflictos armados, la ocupación extranjera y las disputas internas impactan de manera diferenciada a las mujeres, cuyos cuerpos suelen convertirse en territorios de control social y político. Frente a ello, Mohammed impulsó redes de solidaridad y protección autónoma construidas desde la sociedad civil.

Según medios locales, la activista había regresado a Irak pocos días antes de su asesinato, lo que ha generado interrogantes sobre si su paradero estaba siendo vigilado y si se trató de un ataque selectivo. La falta de información oficial incrementa la preocupación sobre la seguridad de otras defensoras.

Memoria y resistencia

El asesinato de Yanar Mohammed no es únicamente la pérdida de una lideresa; es un intento de silenciar décadas de organización feminista en Irak. Sin embargo, su legado permanece en las mujeres que encontraron refugio, en las jóvenes activistas que formó y en las redes que continúan operando pese al riesgo.

Nombrar a Yanar Mohammed es reconocer que su lucha fue concreta, territorial y profundamente política. En un país donde muchas mujeres enfrentan violencia sin protección efectiva, su trabajo abrió caminos hacia la dignidad, la autonomía y la libertad.

En Mujer Azadi e Historiente creemos que contar su historia también es una forma de resistencia. Cuando asesinan a una defensora, intentan sembrar miedo. Pero cada historia narrada, cada voz amplificada y cada refugio que sigue en pie demuestra que la lucha por los derechos de las mujeres no puede ser silenciada.

Que su nombre no sea reducido a una cifra más.
Justicia para Yanar Mohammed.
1960–2026.

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