Un comandante de las RSF, las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán anunció su deserción y su incorporación al Ejército sudanés junto con unos otros 300 oficiales y combatientes. El teniente coronel Mohamed Azraq Al-Fanjari, identificado como líder del Grupo de Tareas Especiales de las RSF, comunicó su decisión este 8 de octubre de 2026 mediante un video dirigido a la población sudanesa, en el que calificó el conflicto de “absurdo y devastador” y pidió disculpas a las familias afectadas por los abusos cometidos contra civiles.
Al-Fanjari exhortó a otros integrantes de las RSF a abandonar la organización y unirse a las Fuerzas Armadas Sudanesas. La deserción se suma a otras rupturas registradas dentro de las filas paramilitares durante los últimos dos años y ocurre mientras las RSF enfrentan presión militar en distintos frentes, particularmente en Darfur y Kordofán.
Renuncia de combandante de las RSF: nuevas fracturas
La deserción ocurre después de otras rupturas importantes dentro de las filas de las RSF. En octubre de 2024, el comandante Abu Aqla Keikel abandonó la organización y se incorporó a las Fuerzas Armadas Sudanesas junto con sus fuerzas. Posteriormente, en abril y mayo de 2026, también anunciaron su salida los comandantes Al-Nour Al-Qubba y Ali Rizqallah, conocido como Al-Savana.
Durante los meses siguientes se registraron además deserciones de unidades en el norte y Kordofán. Aunque estos movimientos no permiten afirmar por sí mismos que las RSF estén cerca de desaparecer, sí muestran dificultades para mantener la cohesión de una estructura armada que ha acumulado importantes pérdidas y disputas internas.
Hay una repetición en “Los antecedentes de” y “fueron creadas”. Una versión más fluida sería:
Las RSF fueron creadas formalmente en 2013 durante el gobierno de Omar al-Bashir y tienen sus raíces en las milicias Janjaweed utilizadas durante la guerra de Darfur. Bajo el liderazgo de Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, la organización desarrolló una amplia capacidad militar y económica hasta convertirse en uno de los principales centros de poder armado de Sudán.
El enfrentamiento con las Fuerzas Armadas Sudanesas, dirigidas por Abdel Fattah al-Burhan, comenzó en abril de 2023 después de meses de tensiones relacionadas con la distribución del poder y la integración de las RSF al Ejército. Desde entonces, el conflicto se ha extendido por Jartum, Darfur, Kordofán y otras regiones, provocando desplazamientos masivos, una grave crisis humanitaria y genocidio.
Darfur y los crímenes contra la población civil
Naciones Unidas ha documentado graves violaciones atribuidas tanto a las RSF como a las Fuerzas Armadas Sudanesas, entre ellas asesinatos de civiles, tortura, desplazamientos forzados, violencia sexual y ataques contra infraestructura indispensable para la población.
En Darfur, las RSF y grupos aliados han sido señalados por campañas de violencia contra comunidades no árabes, particularmente Masalit, Fur y Zaghawa. En El Geneina se documentaron asesinatos masivos y desplazamientos, mientras que en El Fasher, capital de Darfur del Norte, las RSF mantuvieron un largo asedio antes de tomar la ciudad en octubre de 2025.
La Misión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas señaló que las atrocidades cometidas durante la toma de El Fasher presentaban indicadores de un camino hacia el genocidio, debido a asesinatos masivos y ataques dirigidos contra comunidades Zaghawa y Fur. También documentó posibles crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, incluidos actos de violencia sexual, tortura y desapariciones.
“Esta guerra no tiene causa ni futuro”, afirmó Mohamed Azraq Al-Fanjari al anunciar su salida de las RSF y llamar a otros combatientes a abandonar la organización.
La declaración representa un reconocimiento significativo de las consecuencias de la guerra, pero no elimina la necesidad de investigar las responsabilidades individuales de quienes hayan participado en abusos. Del mismo modo, su incorporación al Ejército sudanés no debería interpretarse automáticamente como una absolución.
Una guerra que no puede terminar sin justicia
El cambio de bando de Al-Fanjari y de los combatientes que, según su anuncio, lo acompañan puede modificar el equilibrio militar en determinados puntos, pero no resuelve la crisis que enfrenta Sudán. La población civil continúa pagando el costo de una guerra protagonizada por estructuras armadas que disputan el control territorial y político del país.
Cualquier proceso de transición deberá incluir investigaciones independientes y mecanismos de rendición de cuentas que alcancen a quienes hayan cometido crímenes, sin importar el uniforme que porten.
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