La Dra. Mahnoor Nisar, médica residente de cirugía en el Hospital Civil Sandeman de Quetta, resultó gravemente herida el pasado 5 de junio tras ser atacada con ácido mientras cumplía con su labor profesional dentro del principal hospital público de Baluchistán. El agresor, identificado como Humayun Shah, operador de ascensor que trabajaba en el mismo centro hospitalario, huyó tras la agresión y posteriormente murió en un enfrentamiento con la policía durante una operación de búsqueda. El caso ha provocado indignación nacional y reavivado la grave situación de la violencia de género y seguridad de las mujeres en sus lugares de trabajo.
Las cámaras de seguridad del hospital captaron los momentos previos y posteriores al ataque. Según la investigación, Humayun Shah esperó a la doctora cerca de su área de trabajo y, cuando ella llegó, le arrojó ácido antes de escapar de las instalaciones.
Tras recibir atención de emergencia en Quetta, la Dra. Mahnoor fue trasladada al Hospital Universitario Aga Khan (AKUH) de Karachi para recibir tratamiento especializado.
Fuentes médicas informaron que aproximadamente el 13 por ciento de su cuerpo sufrió quemaduras. Las lesiones afectaron su rostro, abdomen, muslos y mano derecha. Aunque ambos ojos resultaron dañados por la sustancia corrosiva, los especialistas confirmaron que conserva la visión y que su estado se mantiene estable.
El acto de valentía que evitó una tragedia mayor
Las cámaras de seguridad también mostraron la rápida intervención de Abdul Razzaq Tarakai, un joven técnico del hospital que acudió en auxilio de la doctora apenas segundos después del ataque.
Tarakai cubrió a la doctora con lo que parecía ser su propia chaqueta y comenzó a retirarle las prendas contaminadas por el ácido mientras ella gritaba por ayuda. Durante el auxilio sufrió quemaduras en las manos debido al contacto con la sustancia corrosiva, que ya había destruido parte de la ropa de la víctima.
Su intervención fue crucial para reducir los daños causados por el ácido y evitar consecuencias aún más graves para la doctora. En reconocimiento a su actuación, el primer ministro de Baluchistán, Sarfraz Bugti, anunció que será distinguido por su valentía y humanidad.
El sospechoso murió durante la operación policial
Tras el ataque, las fuerzas de seguridad desplegaron un operativo de búsqueda en toda la ciudad y zonas cercanas. Posteriormente ese mismo día, informaron que el agresor, Humayun Shah, fue localizado cerca de la parada de autobuses de Nushki cuando intentaba abandonar la región. Según la versión oficial, abrió fuego contra los agentes durante el operativo y murió en el enfrentamiento posterior con la policía.
La muerte del sospechoso no ha frenado las exigencias de justicia ni las demandas para esclarecer posibles fallas institucionales que permitieron que una trabajadora de la salud fuera atacada dentro de un hospital público.
Por su parte, el primer ministro de Baluchistán, Sarfraz Bugti, anunció una investigación oficial del caso y aseguró que el gobierno brindará todo el apoyo médico y financiero necesario para la recuperación de la Dra. Mahnoor.
Los ataques con ácido: una forma extrema de violencia de género
Organizaciones de derechos humanos han advertido durante años que los ataques con ácido constituyen una de las formas más crueles de violencia contra mujeres y niñas.
A nivel mundial se registran aproximadamente 1.500 ataques con ácido cada año, aunque especialistas señalan que la cifra real podría ser mucho mayor debido al subregistro y al temor de las víctimas a denunciar. La mayor incidencia se concentra en países del sur de Asia, entre ellos Pakistán, India y Bangladesh, donde estas sustancias continúan siendo relativamente accesibles.
Las razones detrás de estos ataques suelen estar relacionadas con el rechazo de propuestas de matrimonio, la negativa a mantener relaciones sexuales o cualquier acto de autonomía femenina percibido como una afrenta por parte de los agresores.
Más que causar daño físico, el objetivo suele ser ejercer control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres. En muchos casos, los agresores atacan deliberadamente el rostro de las víctimas para provocar desfiguraciones permanentes, conscientes de las consecuencias sociales, económicas y psicológicas que ello puede generar.
Las sobrevivientes enfrentan largos procesos médicos, múltiples cirugías reconstructivas y profundas secuelas emocionales. Además, deben lidiar con el estigma social, la discriminación laboral y la exclusión que todavía persisten en muchas comunidades.
El ataque a la Dra. Mahnoor Nisar: Que las mujeres puedan ejercer su profesión sin miedo
El ataque contra la Dra. Mahnoor Nisar ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta urgente: ¿qué tan seguras están las mujeres cuando ni siquiera los hospitales pueden garantizar su protección?
Mientras la doctora continúa recuperándose en Karachi, organizaciones médicas, activistas feministas y defensoras de derechos humanos insisten en que este caso no debe reducirse a un hecho aislado. Exigen justicia, medidas de seguridad efectivas y políticas que protejan a las mujeres en sus espacios de trabajo.
El ataque provocó una fuerte reacción entre médicas, médicos y personal sanitario de Quetta, quienes realizaron manifestaciones para denunciar las deficiencias en los protocolos de seguridad del hospital y la violencia que enfrentan las mujeres profesionales.
La Asociación de Jóvenes Médicos (YDA) calificó la agresión como un grave fallo institucional y exigió una investigación transparente e independiente. Asimismo, reclamó mayores medidas de protección para quienes trabajan en los centros de salud.
La historia de Mahnoor también es la historia de miles de mujeres que desafían diariamente la violencia, el acoso y la discriminación para ejercer sus profesiones. Su recuperación y la búsqueda de justicia se han convertido en un símbolo de resistencia frente a quienes pretenden limitar la libertad y la participación de las mujeres en la vida pública.
Porque ninguna mujer debería arriesgar su vida por ejercer la profesión que eligió. Y porque sus voces, sus luchas y sus historias no deben ser silenciadas.
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