Estados Unidos e Israel lanzan ataque conjunto contra Irán
Israel bombardea Teherán con apoyo de Estados Unidos

Estados Unidos e Israel lanzan ataque conjunto contra Irán este sábado por la mañana en Teherán y otras ciudades estratégicas, en una operación anunciada por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, alrededor de las 08:00 hora local, mientras Washington mantenía negociaciones con el gobierno iraní sobre su programa nuclear. Las explosiones en el centro de la capital iraní, cerca de oficinas vinculadas al líder supremo Ali Khamenei, marcaron el inicio de una nueva fase de confrontación directa entre dos potencias regionales cuya rivalidad llevaba años desarrollándose en la sombra.

Columnas de humo se elevaron sobre la calle University y la zona de Jomhouri, según reportes de agencias locales e internacionales. Fuentes estadounidenses confirmaron la participación de Washington bajo condición de anonimato, en lo que describieron como una operación coordinada. El gobierno israelí declaró 48 horas de estado de emergencia y cerró su espacio aéreo ante la previsible represalia. Irán hizo lo propio durante seis horas. El líder iraní fue reportado como “sano y salvo”.

La ofensiva ocurre apenas ocho meses después del último enfrentamiento abierto entre ambas partes, y en un contexto regional extremadamente volátil. Aunque las consecuencias humanas inmediatas aún no se han esclarecido, el patrón histórico sugiere que la población civil volverá a quedar atrapada entre decisiones geopolíticas que se toman muy lejos de los refugios subterráneos y de los hospitales saturados.

De la guerra encubierta al enfrentamiento directo

Durante décadas, la confrontación entre Israel e Irán se desarrolló a través de ciberataques, sabotajes, asesinatos selectivos de científicos nucleares y operaciones indirectas mediante milicias aliadas en Líbano, Siria e Irak. Sin embargo, desde 2024 el conflicto ha escalado hacia choques cada vez más directos.

Primer mapa de los ataques israelíes y estadounidenses contra Irán
Primer mapa de los ataques israelíes y estadounidenses contra Irán

El ataque de este sábado marca el cuarto enfrentamiento abierto en menos de dos años. La estrategia israelí, respaldada por Washington, parece orientada no solo a neutralizar infraestructura militar, sino también a debilitar políticamente al régimen iraní. Declaraciones recientes del primer ministro Benjamín Netanyahu advertían que el país estaba “preparado para cualquier escenario”, en un tono que dejaba entrever que la opción militar estaba decidida con antelación.

La llegada de cazas F-22 estadounidenses y aviones de reabastecimiento en días previos evidenciaba una coordinación que va más allá de un apoyo simbólico. Esta acumulación militar, lejos de disuadir, terminó materializando una ofensiva que coloca nuevamente a Oriente Próximo al borde de una guerra regional.

El costo humano invisibilizado

Cada vez que se habla de “ataques preventivos” o “objetivos estratégicos”, el lenguaje militar diluye el impacto real sobre la población civil. Las explosiones en zonas urbanas densamente pobladas como el centro de Teherán no pueden aislarse del riesgo de víctimas colaterales, desplazamientos internos y daños a infraestructura básica.

En Israel, las sirenas antiaéreas y las alertas móviles convocaron a la ciudadanía a permanecer cerca de refugios. En Irán, miles de familias despertaron con el estruendo de misiles sobre su capital. El miedo, más que los comunicados oficiales, es el denominador común en ambos lados.

La experiencia de los últimos años demuestra que cada intercambio militar deja víctimas que rara vez ocupan titulares prolongados. En el conflicto de doce días de 2024 murieron más de 30 personas en Israel y cientos en Irán, mientras la infraestructura militar y civil sufrió daños cuyo alcance completo nunca fue transparentado.

Negociaciones truncadas con Irán

Uno de los elementos más inquietantes de esta ofensiva es su coincidencia con negociaciones en curso entre Washington y Teherán sobre el programa nuclear iraní. Aunque las conversaciones atravesaban momentos de tensión, la vía diplomática seguía formalmente abierta.

La decisión de lanzar un ataque en este contexto plantea interrogantes sobre la verdadera apuesta estratégica. ¿Se trata de una maniobra para forzar concesiones? ¿O de un intento por alterar el equilibrio interno iraní aprovechando tensiones económicas y políticas?

La historia reciente muestra que las acciones militares no necesariamente conducen a cambios de régimen ni a acuerdos duraderos. Por el contrario, suelen fortalecer posturas radicales, consolidar narrativas nacionalistas y reducir los márgenes de diálogo. En este escenario, la población civil queda nuevamente subordinada a cálculos de poder.

Un equilibrio regional al límite

Milicias aliadas de Irán, como Hezbolá en Líbano, observan el desarrollo de los acontecimientos. Israel ya advirtió que responderá con ataques a infraestructura libanesa si estos actores intervienen. El riesgo de una expansión regional es real.

Además, la región atraviesa una etapa de profundas crisis humanitarias acumuladas: desplazamientos masivos, economías debilitadas y sistemas sanitarios frágiles. Una guerra abierta entre Israel e Irán podría desestabilizar rutas energéticas, afectar mercados globales y provocar nuevas olas migratorias.

La comunidad internacional enfrenta un dilema: limitarse a declaraciones de preocupación o ejercer presión real para reactivar mecanismos diplomáticos multilaterales.

Nota sigue en desarrollo.