El rey Mohammed VI nombró este martes 29 de septiembre a Fatima Ezzahra El Mansouri como la primera mujer jefa de Gobierno de Marruecos, después de que el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), que dirige, obtuviera la mayor cantidad de escaños en las elecciones parlamentarias del 23 de septiembre. Tras el encuentro, el monarca le encargó formar un nuevo Ejecutivo, de acuerdo con el sistema de monarquía constitucional del país, donde el rey conserva amplias atribuciones y el nombramiento de la jefatura del Gobierno debe recaer en el partido que encabeza los comicios.
El nombramiento representa un hecho histórico para la participación política de las marroquíes, aunque ocurre en medio de una participación electoral de apenas 38 %, del descontento entre sectores jóvenes y de las demandas de organizaciones feministas que reclaman que la llegada de una mujer al máximo cargo ejecutivo se traduzca en reformas concretas y no únicamente en representación simbólica.
Primera mujer jefa de Gobierno de Marruecos rompe una barrera política
Fatima Ezzahra El Mansouri, abogada de 50 años, llega al cargo después de una trayectoria que incluye dos periodos como alcaldesa de Marrakech, su participación en el Parlamento y su paso por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. Su formación jurídica, que incluyó estudios en la Universidad de Montpellier, en Francia, estuvo acompañada por una trayectoria política dentro del PAM que la llevó a consolidarse como una de las principales figuras de la organización.
«Este es un momento histórico. Por primera vez en la historia de nuestro país, una mujer asume la responsabilidad de la presidencia del Gobierno. Esto no es un honor solo para mí, sino para todas las mujeres del país. Su Majestad siempre ha tenido fe en las capacidades de la mujer marroquí y en que la mujer en Marruecos merece respeto. Este es un mensaje dirigido a todas las mujeres del reino» — Fatima Ezzahra El Mansouri
Con su nombramiento, Marruecos se convierte en el segundo país árabe en tener a una mujer al frente del Gobierno, después de Túnez, donde Najla Bouden ocupó el cargo entre 2021 y 2023. La designación tiene una dimensión simbólica importante, ya que durante décadas la política institucional de la región estuvo marcada por estructuras que limitaron el acceso de las mujeres a los espacios de decisión. Sin embargo, el significado de este nombramiento también ha generado un debate sobre los alcances de la representación femenina en la política, pues defensoras de los derechos de las mujeres señalan que la llegada de una mujer a la jefatura del Ejecutivo no elimina por sí misma las desigualdades que persisten en la vida política, económica y social.
La investigadora en género Hanane Sarghini señaló que todavía existe una tendencia a valorar la capacidad política a partir del género, en lugar de centrar el debate en las competencias y las políticas públicas. De acuerdo con su análisis, el hecho de que una mujer encabece el Ejecutivo desplazó parte de la discusión sobre la gestión económica y social hacia preguntas relacionadas con su condición de mujer, lo que muestra que la representación femenina en los espacios de poder continúa siendo objeto de debate incluso cuando una mujer alcanza una de las posiciones políticas más importantes del país.
«Marruecos enfrenta retos de gran calado para lograr una igualdad real, no solo en el ámbito político, sino también en lo económico y lo social».
— Rima Lablaili, integrante del PAM, en declaraciones recogidas por EFE.
Las mujeres marroquíes exigen que el cambio llegue a las leyes
Organizaciones feministas marroquíes recibieron con reconocimiento la decisión del rey Mohammed VI de encargar a Fatima Ezzahra El Mansouri la formación del Gobierno, aunque también reclamaron que su llegada a la jefatura del Ejecutivo se traduzca en medidas concretas para avanzar en la igualdad.
Entre las principales demandas se encuentra la revisión del Código de la Familia y del Código Penal, además del fortalecimiento de las políticas públicas destinadas a garantizar los derechos de las mujeres. Bouchra Abdou, presidenta de la Asociación Tahaddi por la Igualdad y la Ciudadanía, calificó el nombramiento como un motivo de orgullo y como un avance hacia una igualdad efectiva, pero sostuvo que este paso debe estar acompañado de medidas sobre paridad, derechos de las mujeres y armonización de las leyes nacionales con los compromisos internacionales asumidos por Marruecos.
Las cifras ayudan a dimensionar estas exigencias, ya que las mujeres ocupan alrededor del 24,3 % de los escaños de la Cámara de Representantes, mientras que el Gobierno saliente tenía siete ministras entre sus 30 integrantes, lo que representaba cerca del 23,3 %. Durante la campaña electoral, organizaciones feministas también reclamaron que la paridad quedara protegida legalmente y que las mujeres tuvieran mayor acceso a los espacios donde se toman decisiones.
Un poder ejecutivo dentro de una monarquía con amplias atribuciones
El resultado electoral se produjo, además, en un escenario marcado por una menor participación ciudadana. La asistencia a las urnas cayó desde alrededor de 50 % en 2021 hasta cerca de 38 % en estos comicios, una cifra que Reuters identifica como un indicador relevante del nivel de confianza en las instituciones electas. El nuevo Gobierno deberá afrontar el malestar de sectores jóvenes, la inflación, el empleo y las deficiencias en los servicios públicos, mientras administra también la última etapa de las inversiones vinculadas con el Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos organizará junto con España y Portugal.
La llegada de El Mansouri también debe analizarse dentro del sistema político marroquí. La Constitución de 2011 establece que el rey nombra al jefe de Gobierno del partido que obtiene el primer lugar en las elecciones de la Cámara de Representantes, una modificación vinculada con las protestas de la Primavera Árabe. A pesar de ello, el monarca conserva competencias decisivas, preside el Consejo de Ministros y mantiene atribuciones centrales en áreas estratégicas.

Por esta razón, la primera mujer al frente del Gobierno no asumirá por sí sola el control de todas las estructuras de poder del Estado. El sistema constitucional distribuye las funciones entre la jefatura del Gobierno y la institución monárquica, mientras el rey conserva competencias relevantes en política exterior, defensa y otros ámbitos considerados estratégicos.
El nuevo Ejecutivo deberá, además, negociar una coalición debido a que el PAM no alcanzó la mayoría absoluta. El partido ha expresado su disposición a dialogar con otras fuerzas y El Mansouri afirmó que no existen «líneas rojas» para las negociaciones. Mientras tanto, el PJD y sectores de izquierda han anunciado su permanencia en la oposición.
La baja participación electoral se produjo después de un periodo marcado por el descontento social relacionado con el desempleo, los servicios públicos y las oportunidades para la juventud, así como por protestas encabezadas por jóvenes y la crisis migratoria registrada en Ceuta. En consecuencia, la nueva jefa de Gobierno deberá ejercer su cargo en un escenario donde una parte de la ciudadanía mantiene demandas sociales y económicas que no necesariamente encuentran respuesta suficiente en las instituciones electorales.
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