Irán despide a las víctimas recién identificadas del ataque a la escuela de Minab

Personas se reúnen para el funeral de 34 víctimas de la masacre de la escuela Shajareh Tayyebeh, cuyos restos fueron identificados recientemente en Minab, el 22 de julio de 2026.
Personas se reúnen para el funeral de 34 víctimas de la masacre de la escuela Shajareh Tayyebeh, cuyos restos fueron identificados recientemente en Minab, el 22 de julio de 2026.

Minab volvió a convertirse este miércoles en escenario de duelo colectivo luego de que las autoridades iraníes organizaran una procesión funeraria para 32 niños cuyos restos fueron identificados recientemente mediante pruebas de ADN, casi cinco meses después del ataque contra una escuela primaria femenina ocurrido el 28 de febrero, en el primer día de la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. La ceremonia reunió a cientos de personas en esta ciudad del sur del país, donde familiares, vecinos y autoridades acompañaron los féretros de menores que permanecían desaparecidos desde el bombardeo que dejó al menos 168 personas muertas, la mayoría niñas.

Un duelo que continúa meses después del bombardeo de Minab

Las escenas del funeral reflejaron que las consecuencias de la guerra no terminan cuando cesan las explosiones. Para decenas de familias, la incertidumbre se prolongó durante meses debido al estado en que quedaron muchos de los cuerpos, lo que obligó a realizar complejas pruebas genéticas para poder identificar a las víctimas.

La recuperación e identificación de nuevos restos permitió finalmente despedir a 32 menores que permanecían sin nombre entre los escombros del ataque. La procesión recorrió las calles de Minab entre fotografías, flores y muestras de dolor de una comunidad marcada por una tragedia que continúa dejando heridas abiertas.

El bombardeo contra la escuela ha provocado una fuerte confrontación política y diplomática. Las autoridades iraníes sostienen que el ataque constituye un crimen de guerra y afirman que las investigaciones preliminares atribuyen la responsabilidad a Estados Unidos, acusación que Washington rechaza.

La Casa Blanca informó a mediados de julio que el Pentágono mantiene abierta una investigación sobre lo ocurrido, después de que el presidente Donald Trump negara cualquier responsabilidad estadounidense. Paralelamente, el comandante del Comando Central de Estados Unidos (Centcom), Brad Cooper, aseguró que la escuela se encontraba sobre una base activa de misiles de crucero perteneciente a la Guardia Revolucionaria iraní, argumento que Teherán calificó como una «mentira escandalosa» y negó categóricamente.

La protección de la infancia en tiempos de guerra

Más allá de las versiones enfrentadas, la muerte de decenas de menores vuelve a colocar en el centro del debate la obligación de proteger a la población civil durante los conflictos armados. El derecho internacional humanitario establece que escuelas, hospitales y otros espacios civiles gozan de protección especial y que cualquier ataque contra ellos debe investigarse de manera independiente cuando existan indicios de violaciones.

Las organizaciones defensoras de derechos humanos han insistido reiteradamente en que la rendición de cuentas no puede depender únicamente de las partes involucradas en un conflicto. La identificación de nuevas víctimas demuestra, además, que los efectos humanitarios de una guerra se prolongan durante meses o incluso años, mientras las familias buscan verdad, justicia y reparación.

La muerte de niños en contextos bélicos trasciende cualquier disputa geopolítica. Cada menor fallecido representa una vida interrumpida, una familia devastada y una comunidad que pierde parte de su futuro. Cuando las investigaciones se retrasan o las responsabilidades permanecen sin esclarecer, también se debilita la confianza en los mecanismos internacionales creados para proteger a la población civil.

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