Argelia eligió a Khalida Boufedeche como la primera mujer en presidir la Asamblea Popular Nacional, la cámara baja del Parlamento, tras obtener 302 votos frente a sus dos contendientes durante la sesión celebrada el 28 de julio de 2026 en Argel. La diputada del Frente de Liberación Nacional (FLN), partido histórico de la independencia y aliado del presidente Abdelmadjid Tebboune, asume el cuarto cargo de mayor jerarquía dentro del Estado argelino. Aunque el nombramiento representa un hecho sin precedentes para el país, ocurre en un escenario donde las mujeres ocupan apenas alrededor del 6 % de los escaños parlamentarios, lo que evidencia que el avance simbólico todavía convive con profundas desigualdades estructurales.
Khalida Boufedeche y un nombramiento que rompe un techo de cristal
La llegada de Khalida Boufedeche a la presidencia de la Asamblea Popular Nacional constituye un acontecimiento histórico para una institución fundada en 1977 y que, durante casi cinco décadas, nunca había sido encabezada por una mujer. Su elección representa una ruptura con una tradición política dominada por hombres y envía un mensaje relevante sobre la posibilidad de ampliar la participación femenina en los espacios de decisión del Estado.
Nacida en 1982, es médica especializada en alergología e inmunología clínica y desarrolló buena parte de su trayectoria en hospitales públicos de Argel antes de incorporarse a responsabilidades administrativas en el sistema sanitario. Posteriormente inició una carrera política dentro del FLN, primero en la administración municipal y después como diputada provincial y parlamentaria nacional.
La legisladora consiguió una amplia mayoría parlamentaria gracias al respaldo del FLN y de otras fuerzas cercanas al gobierno. Con 302 votos superó ampliamente a Amine Allouche, del Movimiento Islámico, y a Rachid Hassani, de la Agrupación por la Cultura y la Democracia. El resultado refleja el peso político del bloque oficialista dentro del nuevo Parlamento surgido de las recientes elecciones legislativas.
Durante su discurso de investidura afirmó que buscará representar a todas las y los integrantes de la Asamblea, haciendo especial énfasis en las parlamentarias. Sus palabras fueron interpretadas como un reconocimiento a las mujeres que han enfrentado durante décadas importantes barreras para acceder a cargos de representación política.
Representación femenina en Argelia: un avance histórico con cifras preocupantes
El carácter histórico de esta designación contrasta con la realidad de la representación política femenina en Argelia. Aunque las mujeres constituyen prácticamente la mitad de la población del país, su presencia en el Parlamento continúa siendo extremadamente limitada.
Las elecciones legislativas celebradas en julio dejaron únicamente unas dos decenas de diputadas dentro de una cámara integrada por 407 representantes. Esto significa que apenas alrededor del seis por ciento de los escaños están ocupados por mujeres, una cifra considerablemente inferior a la registrada en procesos electorales anteriores.
La reducción resulta especialmente significativa si se compara con las elecciones de 2017, cuando el sistema de cuotas permitió la llegada de 118 mujeres al Parlamento. Sin embargo, modificaciones posteriores y excepciones concedidas a distintos partidos políticos debilitaron los mecanismos de acción afirmativa que impulsaban una representación más equilibrada.
Como consecuencia, miles de candidaturas fueron registradas en las recientes elecciones, pero solo una quinta parte correspondió a mujeres. Diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos y especialistas en igualdad de género han advertido que eliminar o flexibilizar las cuotas puede traducirse rápidamente en un retroceso de la participación femenina, especialmente en sistemas políticos donde persisten desigualdades históricas y culturales.
Los derechos de las mujeres no se conquistan con un solo nombramiento
El Frente de Liberación Nacional conserva un enorme peso simbólico dentro de Argelia. Fue la organización que encabezó la guerra de independencia contra el colonialismo francés entre 1954 y 1962 y, desde entonces, ha ocupado un lugar central en la vida política del país.
No obstante, el prestigio histórico del FLN convive actualmente con cuestionamientos relacionados con la calidad democrática, la concentración del poder y la limitada apertura del sistema político. La elección parlamentaria de julio estuvo marcada por una participación cercana al 21 %, considerada una de las más bajas registradas en la historia reciente del país, reflejando la distancia existente entre parte de la ciudadanía y las instituciones.
En ese contexto, el ascenso de Boufedeche puede entenderse como un intento de proyectar renovación institucional. No obstante, su valor simbólico dependerá de políticas públicas que amplíen derechos, garanticen igualdad de oportunidades y fortalezcan la representación femenina. Su elección representa un avance para muchas mujeres argelinas, pero convertir este hecho histórico en un punto de inflexión requerirá reformas que impulsen su participación política y reviertan la disminución de mujeres en los espacios de decisión.
La representación política de las mujeres no avanza de forma automática. El caso de Argelia demuestra que, sin mecanismos de inclusión y voluntad política, los avances pueden revertirse. La igualdad requiere más que mujeres en cargos altos: implica garantizar oportunidades reales de participación y liderazgo.
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