Mujeres en Turquía arriesgan su vida frente a excavadoras para evitar la tala de sus árboles

Mujeres en Turquía de la comunidad rural de Anayurt, en Mersin, se acuestan frente a excavadoras para impedir la tala de árboles y de sus huertos.
Mujeres en Turquía de la comunidad rural de Anayurt, en Mersin, se acuestan frente a excavadoras para impedir la tala de árboles y de sus huertos.

Mujeres en Turquía protagonizan una jornada de resistencia en el barrio de Anayurt, en Mezitli, provincia de Mersín, donde el 23 de abril de 2026 se interpusieron frente a maquinaria pesada para impedir la destrucción de sus huertos. La acción, liderada por mujeres campesinas, surge ante el ingreso de equipos forestales respaldados por fuerzas de seguridad, en un contexto de creciente tensión por el uso del territorio y la defensa del sustento colectivo.

Mujeres en Turquía frente al despojo del territorio

Desde las primeras horas del día, mujeres de distintas edades (madres, agricultoras y cuidadoras) salieron a los campos que han cultivado durante años. Acostadas sobre la tierra, formaron un muro humano para frenar el avance de excavadoras y evitar la tala de árboles frutales que sostienen la economía local.

“Estos huertos son nuestro único sustento. No permitiremos que los destruyan”, expresó una de las habitantes mientras resistía frente a la maquinaria. Los videos difundidos muestran a mujeres aferrándose a la tierra, gritando y llorando mientras los equipos intentaban ingresar.

La presencia de fuerzas de seguridad intensificó la tensión en la zona. Testimonios locales señalan que varias mujeres resultaron lesionadas durante los intentos de desalojo, evidenciando el uso de la fuerza frente a una protesta mayoritariamente pacífica.

Las autoridades han argumentado que la intervención forma parte de un proyecto de reforestación. Sin embargo, la comunidad denuncia que estas acciones ignoran el uso tradicional de la tierra y representan una amenaza directa a su forma de vida. Para las mujeres de Mersín, no se trata solo de árboles, sino de territorio, memoria y autonomía. Para las madres turcas, el árbol no es «madera» ni la tierra es una «parcela estatal»; son parte de su cuerpo-territorio .

En regiones como Muğla y Giresun también se han registrado protestas contra proyectos que afectan ecosistemas y comunidades rurales, en medio de denuncias por detenciones y criminalización de quienes defienden sus tierras. Donde hombres también han protestado siendo agredidos.

Respuesta de autoridades

El operativo, ejecutado por equipos forestales con presencia de fuerzas de seguridad, derivó en enfrentamientos esporádicos. La militarización del acto ha sido señalada por organizaciones locales como una respuesta desproporcionada frente a una protesta comunitaria de carácter pacífico.

En medio de la creciente presión social, el diputado Levent Uysal, del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), sostuvo comunicación con autoridades locales y anunció gestiones ante el Ministerio de Agricultura y Silvicultura. Tras las protestas, el proceso de tala fue suspendido temporalmente, otorgando a la comunidad un breve margen para negociar una solución.

Sin embargo, para las mujeres, la pausa no representa una victoria definitiva. “No solo defendemos árboles, defendemos nuestra vida”, expresó otra de las participantes, subrayando la relación profunda entre el territorio, el trabajo agrícola y la autonomía de las mujeres rurales.

Mientras los políticos desde sus despachos intentan mediar con promesas de reuniones ministeriales, las mujeres en el terreno enfrentan la violencia física de un sistema que prefiere el cemento o la gestión vertical de la tierra antes que la autonomía campesina femenina.

La resistencia de las mujeres en Turquía revela una lucha profunda por la defensa del territorio y la dignidad. Frente a la maquinaria del despojo, sus cuerpos se convierten en barrera y sus voces en denuncia. La resistencia de estas mujeres es un recordatorio de que la defensa del medio ambiente es, en su raíz, una lucha por la justicia de género. Al proteger sus huertos, protegen su independencia económica y el futuro de sus familias.

En Mujer Azadi e Historiente, insistimos: mientras ellas resistan, su historia seguirá siendo contada.

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