El documental NAZA, dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, llevó al Festival de Cine de Venecia los testimonios de 24 militares y agentes de inteligencia israelíes que describen los sistemas utilizados para identificar, vigilar y atacar objetivos palestinos en Gaza. La película, producida por The Guardian y James Wilson, plantea una pregunta incómoda sobre la guerra-genocidio que comenzó en octubre de 2023, si las muertes de civiles fueron consecuencia de errores aislados o de mecanismos militares diseñados para asumirlas como parte de cada ataque.
La cinta tuvo su estreno mundial el 10 de septiembre en la competición oficial de la edición 83 del festival y recibió una ovación de pie de 25 minutos. NAZA es, además, el único documental que compite por el León de Oro este año.
Su impacto no radica únicamente en las imágenes de destrucción de Gaza. El documental intenta mostrar qué ocurre detrás de las pantallas desde las que se toman decisiones que pueden terminar con la vida de familias enteras.
NAZA: Una palabra para contabilizar vidas civiles
El título de la película procede de un término utilizado por la inteligencia militar israelí para referirse a las bajas civiles que se calcula que producirá un ataque. En lugar de hablar directamente de personas, familias o comunidades, el lenguaje militar convierte esas posibles muertes en una cifra asociada a una operación.
Ese lenguaje es uno de los elementos centrales de NAZA porque muestra cómo la violencia puede comenzar mucho antes de que caiga una bomba. También puede instalarse en los conceptos utilizados para clasificar a quienes viven en una zona de guerra.
Los directores decidieron concentrarse precisamente en esa estructura. Abraham y Szor, dos de los cuatro codirectores de No Other Land, documental ganador del Óscar en 2025, explican que no buscaban únicamente documentar posibles abusos cometidos por individuos, sino investigar las órdenes, políticas y prácticas que permiten que determinados ataques sean considerados aceptables.
La diferencia es fundamental desde una perspectiva de derechos humanos. Una atrocidad no puede analizarse únicamente desde la responsabilidad de quien aprieta el botón si detrás existe una cadena de decisiones que determina quién puede ser atacado, bajo qué condiciones y cuántas muertes civiles pueden considerarse tolerables.
Inteligencia artificial y vigilancia para seleccionar objetivos
Los testimonios reunidos durante tres años describen el funcionamiento de sistemas tecnológicos empleados por unidades de inteligencia israelíes. Los entrevistados, cuyas identidades fueron protegidas mediante modificaciones de voz e imagen, hablan de herramientas capaces de analizar grandes cantidades de información para localizar a personas consideradas sospechosas de pertenecer a Hamás.
Según los testimonios recogidos por la película, algunos de esos objetivos eran atacados durante la noche, cuando se encontraban en sus viviendas junto con familiares. Los entrevistados también describen operaciones de vigilancia de teléfonos y seguimiento de personas antes de los bombardeos.
Uno de los aspectos más graves es precisamente la normalización de la presencia de civiles en el cálculo militar. El problema no consiste solamente en que una persona considerada objetivo pueda encontrarse dentro de una vivienda, sino en que quienes toman la decisión conocerían de antemano la posibilidad de que otras personas resulten asesinadas.
El documental también recupera investigaciones periodísticas publicadas entre 2023 y 2025 por +972 Magazine, Local Call y The Guardian, medios que ya habían documentado el uso de sistemas automatizados, vigilancia y criterios de selección de objetivos durante la ofensiva israelí sobre Gaza.
NAZA convierte esas investigaciones en testimonios audiovisuales de quienes participaron desde dentro del aparato militar.
Gaza como territorio de destrucción
Los testimonios no se limitan a los ataques individuales. También describen operaciones contra barrios completos y la destrucción de viviendas en zonas donde, según los entrevistados, todavía permanecían civiles.
La película aborda además denuncias relacionadas con ataques contra personas que buscaban alimentos y con operaciones destinadas a imponer control sobre distintas áreas de Gaza. Uno de los testimonios menciona incluso una unidad de inteligencia secreta que tendría vínculos directos con la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Estas afirmaciones forman parte de los testimonios anónimos presentados por el documental y no equivalen por sí mismas a una sentencia judicial.
Precisamente por ello, la relevancia periodística de NAZA está también en llevar estas acusaciones al debate público y someterlas a escrutinio. La protección de las fuentes es esencial cuando quienes hablan pueden enfrentar consecuencias por revelar información relacionada con operaciones militares, pero el anonimato también obliga a contrastar sus declaraciones con otras evidencias disponibles.
En ese sentido, el documental no aparece aislado. Se suma a años de investigaciones periodísticas, registros audiovisuales, testimonios de sobrevivientes y documentación de organismos internacionales sobre la destrucción y genocidio de Gaza.
Más de 73.000 palestinos asesinados
El Ministerio de Salud de Gaza informó el 9 de septiembre de 2026 que 73.669 palestinos habían muerto y 174.652 habían resultado heridos desde el inicio de la ofensiva israelí en octubre de 2023. La dependencia señaló además que la mayoría de las personas fallecidas son mujeres y niños y que todavía existen víctimas bajo los escombros y en lugares a los que los equipos de rescate no han podido acceder.
La misma fuente contabilizó 1.358 personas asesinadas y 4.541 heridas desde el alto el fuego de octubre de 2025, lo que evidencia que el cese de hostilidades no ha significado el fin de la violencia contra la población palestina.
Las cifras también han sido documentadas periódicamente por Naciones Unidas. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU señaló a comienzos de septiembre que, según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 1.300 palestinos habían muerto desde el anuncio del alto el fuego de octubre de 2025.
La continuidad de ataques durante el supuesto alto el fuego resulta especialmente relevante porque demuestra que la población civil continúa expuesta incluso cuando formalmente existe un acuerdo destinado a detener las hostilidades.
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