Guerra abierta es la declaración realizada este 26 de febrero por el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Mohammad Asif, al anunciar que su país considera iniciado un conflicto formal con Afganistán, luego de bombardeos ejecutados por aviones paquistaníes en Kabul, Kandahar y Paktia, y tras enfrentamientos a lo largo de la Línea Durand, la frontera que divide a ambos Estados, en una escalada que se produjo durante los últimos días y que eleva la tensión militar y política en la región.
La afirmación pública de Islamabad marca un punto de inflexión en una relación históricamente frágil. Mientras el gobierno paquistaní sostiene que respondió a ataques transfronterizos y acusa a los talibanes de permitir operaciones de grupos armados desde territorio afgano, el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, aseguró que se están llevando a cabo “operaciones ofensivas a gran escala” contra el ejército paquistaní en defensa de la soberanía afgana.
Guerra abierta y ruptura del equilibrio fronterizo
La guerra abierta no surge en un vacío histórico. La Línea Durand, trazada en 1893 bajo dominio británico, ha sido durante más de un siglo un foco de disputa y desconfianza. Afganistán nunca reconoció plenamente esa delimitación, mientras que Pakistán la considera una frontera internacional legítima. Cada episodio de violencia reactiva tensiones identitarias y políticas profundamente arraigadas.

Tras la retirada de las fuerzas internacionales en 2021 y el retorno del régimen talibán al poder, Islamabad expresó públicamente su expectativa de estabilidad regional. Sin embargo, los ataques en territorio paquistaní atribuidos a grupos insurgentes reactivaron acusaciones cruzadas. La reciente declaración de guerra abierta evidencia que los mecanismos diplomáticos y los intentos de alto el fuego mediado han perdido eficacia.
Cuando un conflicto pasa del intercambio de acusaciones a bombardeos en capitales y ciudades estratégicas, el riesgo de expansión regional se incrementa. La retórica de firmeza puede consolidar respaldo interno, pero también reduce el margen para soluciones negociadas.
Bombardeos, cifras y opacidad informativa
Medios estatales paquistaníes informaron la destrucción de múltiples posiciones talibanes, incluyendo cuarteles y depósitos de municiones, así como la muerte de más de un centenar de combatientes. Estas cifras no han sido verificadas de forma independiente. Kabul, por su parte, reconoció impactos en tres ubicaciones, aunque aseguró que no hubo víctimas civiles, un dato que tampoco ha podido confirmarse de manera autónoma.
En contextos de esta declarada guerra abierta, la información se convierte en un instrumento estratégico. Los comunicados oficiales priorizan la narrativa de éxito militar, mientras que el acceso de observadores independientes suele verse restringido. Sin transparencia, la rendición de cuentas se debilita.
El derecho internacional humanitario exige distinguir entre objetivos militares y población civil, aplicar el principio de proporcionalidad y minimizar daños colaterales. La experiencia afgana demuestra que los bombardeos en áreas densamente pobladas conllevan riesgos graves, incluso cuando el objetivo declarado es militar.
Derechos humanos inexistentes en la región
La guerra abierta ocurre en un Afganistán atravesado por una crisis humanitaria estructural. Millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria, restricciones a libertades fundamentales, especialmente mujeres y niñas; además de una economía asfixiada por el aislamiento internacional. Una escalada militar prolongada podría agravar el acceso a alimentos, salud y educación.
En Pakistán, las comunidades fronterizas también han sufrido desplazamientos y violencia en años recientes. La intensificación del conflicto podría multiplicar los impactos sociales y económicos en ambas orillas. Además han sido foco de grupos terroristas que han realizado atentados en sus comunidades.
La seguridad invocada por los Estados no puede desligarse de la obligación de proteger la vida y la dignidad humana. Cuando la defensa territorial se antepone sin límites claros, las poblaciones civiles quedan atrapadas en el fuego cruzado.
🇵🇰🇦🇫 | Pakistán declaró una “guerra abierta” contra Afganistán tras una nueva escalada militar que incluyó bombardeos en Kabul, Kandahar y Paktia, así como enfrentamientos a lo largo de la Línea Durand, la frontera que divide a ambos países. El anuncio fue realizado por el… pic.twitter.com/BDPkLBshS7
— Historiente (@historiente) February 27, 2026
La expresión guerra abierta implica un cambio en la naturaleza del enfrentamiento y en sus posibles consecuencias regionales. Normalizar esa retórica sin exigir transparencia y mecanismos de mediación es aceptar que la violencia sea la respuesta predeterminada.
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