El bebé palestino Sam Fahd Abu Haikal, de apenas siete meses de edad, fue asesinado el 5 de junio de 2026 en la zona de Tel Rumeida, en Hebrón, Cisjordania ocupada, después de que fuerzas israelíes abrieran fuego contra el vehículo en el que viajaba junto a sus padres y su abuela. El ataque dejó además heridos a su madre, que permanece en estado crítico, y a su padre, un profesor universitario palestino.
Según el Ministerio de Salud palestino y testimonios de la familia, el automóvil se dirigía desde Belén hacia Hebrón para visitar a familiares cuando se aproximó a una zona cercana a un puesto de control militar israelí. Los ocupantes afirman que detuvieron el vehículo y levantaron las manos para demostrar que no representaban ninguna amenaza. Sin embargo, segundos después comenzaron los disparos.
Una de las balas atravesó el parabrisas, impactó primero al padre en la mano y luego alcanzó al pequeño Sam en el rostro antes de herir también a su madre. El menor murió poco después debido a la gravedad de las heridas. La tragedia ha provocado indignación entre organizaciones de derechos humanos y reavivado las denuncias sobre el uso excesivo de la fuerza por parte del ejército de ocupación israelí en Cisjordania.
Cisjordania: Un territorio marcado por la ocupación y la violencia
Hebrón es una de las ciudades más militarizadas de Cisjordania ocupada y un símbolo de las tensiones derivadas de la ocupación israelí. En particular, Tel Rumeida se ha convertido durante años en uno de los principales focos de confrontación debido a la presencia de colonos israelíes instalados en medio de barrios palestinos bajo una intensa protección militar.
Desde el inicio de los ataques en Gaza en 2023, las operaciones militares israelíes en Cisjordania se han intensificado de manera significativa. Organismos internacionales han documentado un aumento de las incursiones, arrestos masivos, restricciones de movimiento y ataques contra la población civil palestina. Esto ha causado el desplazamiento y saqueos de viviendas de familias palestinas con total impunidad.
La Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos informó recientemente que más de mil palestinos han muerto en Cisjordania y Jerusalén Este desde el comienzo de la «guerra en Gaza». Entre las víctimas se encuentran cientos de menores de edad.
Investigación sobre el asesinato del bebé palestino
El ejército de ocupación israelí sostuvo que los soldados identificaron un vehículo que aparentemente aceleraba en dirección a ellos y que respondieron efectuando disparos individuales. Posteriormente reconocieron que las personas heridas eran civiles no involucrados y señalaron que el incidente se encuentra bajo revisión.
Sin embargo, el relato de la familia contradice de manera frontal esa versión. La abuela del bebé, Feryal Abu Haikal, aseguró que el vehículo se había detenido al percatarse de la presencia de soldados israelíes y que los ocupantes no realizaron ninguna acción que pudiera interpretarse como una amenaza.
La falta de confianza en las investigaciones militares israelíes no es casual. Diversas organizaciones de derechos humanos han denunciado durante años que los casos que involucran la muerte de palestinos rara vez terminan en sanciones. Datos recopilados por el grupo israelí Yesh Din muestran que las acusaciones formales contra militares por abusos cometidos contra palestinos representan una mínima fracción de las denuncias presentadas.
Esta situación ha generado críticas constantes por parte de organismos internacionales que consideran que la ausencia de rendición de cuentas contribuye a perpetuar un clima de impunidad.
El rostro humano detrás de las estadísticas
Mientras los informes oficiales hablan de cifras y expedientes, la familia Abu Haikal enfrenta una pérdida imposible de cuantificar. Sam había cumplido exactamente siete meses el mismo día en que recibió el disparo que terminó con su vida.
En el Hospital Al-Ahly de Hebrón, su padre relató cómo observó el impacto de la bala que atravesó el vehículo y alcanzó a su hijo. Horas después, tuvo que despedirse de él durante un funeral marcado por el dolor y la indignación de familiares, vecinos y miembros de la comunidad.
“La escena fue horrible: ver a un bebé de siete meses con el rostro destrozado. ¿Qué tipo de ejército en el mundo hace esto? Lo que le pasó a mi nieto no se puede olvidar fácilmente”, declaró Feryal Abu Haikal, abuela del menor.
Las imágenes y videos del funeral recorrieron Palestina y el mundo. El pequeño cuerpo de Sam fue envuelto en una bandera palestina mientras cientos de personas acompañaban el cortejo fúnebre. En medio de la multitud, su padre sostenía el diminuto ataúd entre lágrimas, una imagen que sintetiza el costo humano de una ocupación que se prolonga desde hace casi seis décadas.
La muerte de Sam Fahd Abu Haikal no puede reducirse a un «incidente bajo investigación». Se trata de la muerte de un bebé de siete meses en un territorio ocupado donde la violencia contra civiles sigue produciéndose con alarmante frecuencia. Mientras los gobiernos hablan de seguridad y las investigaciones avanzan lentamente, una familia palestina entierra a su pequeño bebé.
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