Mujeres afganas iniciaron una nueva campaña de resistencia digital mediante la difusión de videos silenciosos en los que muestran la señal internacional de auxilio por violencia de género, con el rostro cubierto, distorsionado o parcialmente visible, para denunciar las restricciones impuestas por el régimen talibán en Afganistán. La iniciativa, impulsada durante los últimos días por activistas y organizaciones clandestinas como el Movimiento Hemmat de las Mujeres de Afganistán, busca alertar a la comunidad internacional sobre el agravamiento del apartheid de género y exigir medidas concretas para proteger los derechos fundamentales de millones de niñas y mujeres afganas.
La campaña surge en un contexto en el que las autoridades talibanas han prohibido progresivamente que las mujeres estudien, trabajen en numerosos sectores, participen en la vida pública e, incluso, que su voz pueda escucharse fuera del ámbito privado. Ante el riesgo permanente de detenciones, desapariciones y represalias, el silencio se ha convertido paradójicamente en una forma de resistencia y el anonimato en un mecanismo de supervivencia.
La señal de auxilio como lenguaje de resistencia de las mujeres afganas
En los videos difundidos en redes sociales, las mujeres afganas realizan un gesto ampliamente reconocido a nivel internacional como una petición silenciosa de ayuda frente a situaciones de violencia de género. El movimiento consiste en levantar la mano con la palma abierta, doblar el pulgar hacia el centro y cerrar posteriormente los cuatro dedos sobre él, formando un puño. Aunque fue creado originalmente para alertar sobre casos de violencia doméstica, hoy adquiere un nuevo significado en Afganistán: denunciar la violencia institucionalizada ejercida por el Estado de facto.

Al no pronunciar una sola palabra, las participantes consiguen evadir parcialmente las restricciones impuestas por los talibanes, quienes han intensificado la vigilancia sobre cualquier manifestación pública femenina. Las imágenes, compartidas dentro y fuera del país, transforman el silencio impuesto en un mensaje político dirigido al mundo entero.
«La educación es nuestro derecho divino y humano, no una limosna; y la libertad es nuestro derecho irrenunciable para llevar una vida digna. No dejaremos caer el arma de la pluma y el conocimiento, y nos mantendremos firmes hasta alcanzar la justicia y recuperar nuestros derechos legales y humanos».
— Comunicado del Movimiento Hemmat de las Mujeres de Afganistán.
Un apartheid de género denunciado desde la clandestinidad
Desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, Afganistán ha experimentado uno de los procesos de regresión de derechos de las mujeres más severos del mundo contemporáneo. Diversas organizaciones internacionales y expertas de Naciones Unidas han advertido que las políticas implementadas por el régimen constituyen un sistema de discriminación institucionalizada que numerosos juristas y defensores de derechos humanos califican como apartheid de género.
Actualmente, millones de niñas permanecen excluidas de la educación secundaria y universitaria. Las mujeres tienen prohibido desempeñar numerosos empleos, trabajar para organizaciones humanitarias en determinadas circunstancias, acceder libremente a espacios públicos o desplazarse sin estrictas restricciones. Estas medidas profundizan la pobreza, la dependencia económica y la crisis humanitaria que atraviesa el país.
Estas políticas representan una violación sistemática del derecho internacional y advierte que el aislamiento social impuesto a las mujeres busca eliminar progresivamente su presencia de la esfera pública. Las integrantes del movimiento también expresaron su preocupación por la normalización diplomática que algunos gobiernos mantienen con las autoridades talibanas. En su declaración, señalan que las mujeres afganas no pueden convertirse en moneda de cambio dentro de negociaciones políticas ni ser relegadas frente a intereses geoestratégicos.

Asimismo, instaron a la Organización de las Naciones Unidas, a los mecanismos internacionales de derechos humanos y a los gobiernos del mundo a abandonar las declaraciones simbólicas y adoptar acciones efectivas para proteger a las mujeres afganas, exigir la rendición de cuentas por las violaciones de derechos humanos y respaldar a quienes continúan resistiendo dentro del país pese al enorme riesgo que enfrentan.
El Movimiento en defensa de los derechos de la mujer, integrado por activistas que operan tanto en Afganistán como desde el exilio, sostiene que la continuidad de la inacción internacional fortalece la impunidad del régimen y prolonga una crisis que afecta a generaciones enteras de mujeres y niñas.
En Mujer Azadi e Historiente creemos que las vidas de las mujeres afganas importan y que sus historias merecen ser escuchadas. Por ello, apoyamos el movimiento de las mujeres afganas por sus derechos, su libertad y su dignidad.
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