Una explosión en Ras al-Arah ocurrió este lunes 21 de septiembre en un concurrido mercado de qat del distrito de Al-Mudarabah Wa Al-Arah, en la gobernación de Lahj, Yemen, en medio de nuevos enfrentamientos cerca del estrecho de Bab al-Mandab. Los primeros informes no registran víctimas, pero todavía no existe confirmación independiente sobre el tipo de arma utilizada ni sobre quién realizó el ataque.
Fuentes vinculadas al Gobierno yemení y fuerzas del sur atribuyeron la explosión a un posible misil balístico hutí, presuntamente lanzado después de un avance fallido en el frente de Kahbub. Los hutíes, por su parte, responsabilizaron a Arabia Saudita, mientras otros reportes apuntaron a un posible ataque aéreo saudí. Ninguna de estas versiones ha sido confirmada de manera independiente.
Bab al-Mandab y Ras al-Arah vuelven a convertirse en escenario de combates
La zona de Ras al-Arah ha adquirido una importancia militar mayor debido a su proximidad con Kahbub y con Bab al-Mandab, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una de las principales rutas marítimas entre Europa y Asia. Durante los últimos días se han registrado combates en las montañas de Kahbub y en distintos puntos entre las gobernaciones de Lahj y Taiz.
Los enfrentamientos forman parte de una ofensiva más amplia de los hutíes sobre la costa occidental de Yemen. El grupo ha conseguido avances territoriales recientes, incluido el control de Mokha, mientras fuerzas vinculadas al Gobierno yemení y respaldadas por Arabia Saudita intentan contener su expansión hacia las posiciones que dominan el estrecho.
Años de conflicto
La disputa tiene una dimensión que trasciende las fronteras yemeníes. Bab al-Mandab es un punto de paso para el comercio internacional y, en medio de la actual crisis regional, cualquier deterioro de la seguridad puede afectar el transporte marítimo, los costos de los combustibles y las cadenas de suministro. Reuters reportó este lunes que el tránsito por el estrecho ya había disminuido durante el fin de semana.
La actual escalada ocurre después de años de una guerra que comenzó a transformarse en conflicto regional tras la toma de Saná por los hutíes en 2014. En marzo de 2015, una coalición encabezada por Arabia Saudita intervino militarmente a petición del entonces presidente yemení Abd Rabbuh Mansour Hadi, iniciando una campaña que profundizó la dimensión internacional de la guerra.
En abril de 2022, el Gobierno yemení y los hutíes aceptaron una tregua negociada por Naciones Unidas que produjo una reducción significativa de la violencia y de las víctimas civiles. Aunque el acuerdo expiró formalmente en octubre de ese año, durante un periodo prolongado se mantuvo una relativa calma en comparación con los años anteriores. La nueva ofensiva amenaza con deshacer parte de esa contención.
La dimensión regional también se ha intensificado. Los hutíes han utilizado drones y misiles contra objetivos vinculados con Arabia Saudita, mientras Riad ha recurrido nuevamente a ataques aéreos en Yemen. El 19 de septiembre, Arabia Saudita afirmó haber interceptado un misil balístico hutí dirigido hacia Riad, en uno de los indicios más recientes de que la confrontación vuelve a extenderse más allá de los frentes internos yemeníes.
La nueva escalada obliga a miles de familias a desplazarse
La Organización Internacional para las Migraciones informó que 129 mil 438 personas habían sido desplazadas en siete gobernaciones de Yemen debido al deterioro de la seguridad. La cifra aumentó en más de 11 mil personas entre el 18 y el 21 de septiembre. Taiz concentra el mayor número, seguida por Lahj, donde se encuentra Ras al-Arah.
“Casi 130.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en apenas unas semanas. Muchas de ellas ya se han desplazado más de una vez en busca de seguridad”.
— Othman Belbeisi, director regional de la OIM para Oriente Medio y África del Norte.
Hasta la noche del 20 de septiembre, además, 3 mil 106 personas habían cruzado el mar Rojo desde Yemen hacia Yibuti, según la OIM, que pidió mayor apoyo para quienes han tenido que abandonar sus comunidades y para las poblaciones que los reciben.
La atención internacional sobre Bab al-Mandab suele centrarse en la seguridad marítima, el comercio y los intereses energéticos de las potencias regionales. Sin embargo, la nueva escalada vuelve a tener consecuencias directas sobre la población civil, que enfrenta desplazamientos, pérdida de medios de vida y mayores dificultades para acceder a servicios básicos.
La responsabilidad por la explosión en Ras al-Arah continúa sin esclarecerse. Mientras las partes intercambian acusaciones, resulta fundamental no presentar ninguna versión como un hecho confirmado hasta contar con evidencia independiente. Lo que sí está documentado es el aumento del desplazamiento y la reanudación de los combates en una zona estratégica de Yemen.
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