Iraquíes celebran la salida de las tropas estadounidenses tras más de 20 años

Iraquíes celebran la retirada de las tropas de Estados Unidos
Iraquíes celebran con banderas y festejos la retirada de las tropas de Estados Unidos, tras más de dos décadas de presencia militar.

Iraquíes celebran la retirada de las tropas de Estados Unidos este miércoles 30 de septiembre de 2026, después de que las últimas fuerzas estadounidenses abandonaran Irak desde una base aérea en Erbil, en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Con banderas, pancartas, caravanas y festejos nocturnos, habitantes de distintas ciudades marcaron la salida de las fuerzas extranjeras tras más de dos décadas de presencia militar, mientras el Gobierno declaró cuatro días de celebraciones bajo el nombre de «Días de la Soberanía».

Con banderas y festejos, iraquíes celebran la salida de las tropas

Las celebraciones se extendieron durante la noche en Bagdad y otras zonas del país. Habitantes salieron a las calles mientras integrantes de las fuerzas de seguridad iraquíes recorrieron la capital en vehículos adornados con banderas nacionales y realizaron gestos de victoria. También se organizaron ceremonias oficiales y un desfile militar para marcar el cierre de la ocupación estadounidense.

Para el Gobierno iraquí, la retirada representa el inicio de una nueva etapa en la que las instituciones nacionales asumirán plenamente la responsabilidad sobre la seguridad del país. El primer ministro Ali al-Zaidi presentó el momento como una etapa definida por la soberanía de Irak, el fortalecimiento de sus instituciones y la preparación de sus fuerzas.

Sin embargo, detrás del júbilo popular no hay un deseo de olvido, sino una firme exigencia de rendición de cuentas que sigue completamente vigente. Aunque el repliegue militar pone fin a la intervención iniciada en 2003, los estragos de la ocupación siguen abiertos. Para las miles de familias afectadas por los abusos, la destrucción de la infraestructura y el caos social derivado de la invasión, la salida de los soldados no borra el daño ni exime de responsabilidad a las potencias extranjeras. Por lo tanto, las celebraciones en las calles no significan el carpetazo final a la tragedia, sino el inicio de una etapa donde el pueblo iraquí, en plena soberanía, mantiene viva la demanda de justicia y reparación por los agravios sufridos durante más de dos décadas.

De la invasión de 2003 a la retirada definitiva

La celebración adquiere una dimensión particular al recordar que la presencia estadounidense comenzó con la invasión de Irak en 2003. Estados Unidos encabezó entonces una operación militar para derrocar a Saddam Hussein, argumentando, entre otras razones, que su Gobierno poseía armas de destrucción masiva, pero esas armas nunca fueron encontradas.

Tras el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, soldados estadounidenses se fotografiaron mientras maltrataban a personas detenidas en la prisión de Abu Ghraib.
Tras el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, soldados estadounidenses se fotografiaron mientras maltrataban a personas detenidas en la prisión de Abu Ghraib.

La invasión dio paso a años de ocupación, violencia, desplazamientos e inestabilidad política. Durante ese periodo, organizaciones de derechos humanos documentaron graves abusos contra la población iraquí, incluidas torturas y malos tratos en centros de detención como Abu Ghraib, detenciones arbitrarias, desapariciones y muertes de civiles durante operaciones militares. Las fotografías difundidas en 2004 sobre los abusos cometidos en esa prisión se convirtieron en uno de los símbolos de las vulneraciones ocurridas durante la ocupación.

Estados Unidos retiró sus tropas en 2011, pero regresó tres años después, cuando el Estado Islámico tomó amplias zonas de Irak y cometió atrocidades contra la población civil. Washington encabezó entonces una coalición internacional para combatir al grupo, que perdió su control territorial en Irak, aunque sus células continuaron activas.

La misión militar de la coalición llegó ahora a su fin después de que Bagdad y Washington acordaran completar la retirada. Por eso, para quienes hoy celebran en las calles, la partida de las últimas tropas también representa el cierre simbólico de un ciclo iniciado con una invasión que transformó profundamente al país.

Una nueva etapa entre soberanía y desafíos de seguridad

La salida estadounidense no significa que todos los problemas de seguridad hayan desaparecido. El Estado Islámico conserva células dispersas y varias milicias iraquíes mantienen capacidad militar y política, mientras el Gobierno intenta que las armas queden bajo control estatal. Algunas de las organizaciones armadas más poderosas se han resistido a los planes de desarme.

La reacción tampoco ha sido uniforme. Aunque las celebraciones fueron visibles en distintas ciudades, autoridades del Kurdistán iraquí han expresado preocupación por la salida de los sistemas estadounidenses de defensa y por una posible reducción de las capacidades para responder ante nuevos ataques.

Estas diferencias muestran que la retirada puede significar cosas distintas dentro de Irak. Para quienes celebran la salida, representa el fin de una presencia militar extranjera y una reivindicación de soberanía; para otros sectores, genera incertidumbre sobre la seguridad futura. Ambas realidades forman parte de una nueva etapa que ahora deberá ser gestionada por las instituciones iraquíes.

Irak celebra, pero la historia permanece

Las banderas, las caravanas y los festejos convierten el 30 de septiembre en una jornada de fuerte carga simbólica para Irak. Después de la invasión de 2003, la retirada de 2011 y el regreso de las tropas en 2014, la salida definitiva de las fuerzas estadounidenses representa para numerosos iraquíes el cierre de un largo periodo de intervención militar extranjera.

Sin embargo, celebrar la retirada también implica recordar a las personas afectadas por las guerras y los abusos cometidos durante esas décadas. La salida de las tropas no borra las heridas ni resuelve por sí sola los problemas de seguridad que persisten en el país.

Ahora, la soberanía que se celebra en las calles tendrá que traducirse en instituciones capaces de proteger a la población, garantizar derechos y evitar que nuevas formas de violencia o intervención condicionen el futuro de Irak.

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