Libros prohibidos en Siria resurgen tras décadas de censura del régimen Assad

Libros prohibidos en Siria resurgen tras décadas de censura del régimen Assad
Un joven empleado transporta novelas prohibidas durante el derrocado régimen Assad, en una librería de Damasco el 26 de enero de 2025

Libros prohibidos en Siria volvieron a aparecer públicamente mientras un hombre recuperaba en Homs una biblioteca que permaneció escondida durante 15 años. Abu Bilal derribó el muro detrás del cual había ocultado en 2011 cientos de libros, documentos y certificados religiosos antes de que su familia abandonara el país rumbo a Kuwait. Los ejemplares sobrevivieron ocultos hasta su regreso.

El hallazgo ocurre después de la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 y coincide con la reaparición de obras que durante décadas estuvieron sometidas a censura, vigilancia o circulación clandestina. En Damasco, librerías comenzaron a exhibir nuevamente títulos políticos, religiosos y culturales que anteriormente podían representar un riesgo para quienes los poseían o distribuían.

Libros prohibidos en Siria y una biblioteca escondida durante 15 años

La historia de Abu Bilal refleja hasta qué punto la censura condicionó la vida cotidiana. Durante el régimen Assad, libreros y editoriales estaban sujetos a controles estatales y las obras consideradas críticas podían ser retiradas de circulación. Algunos comerciantes llegaron a esconder determinados títulos para evitar inspecciones de los servicios de seguridad.

Entre los libros prohibidos en Siria se encontraban obras sobre las prisiones y la represión estatal. La Concha, de Mustafa Khalifa, es uno de los ejemplos más conocidos. La novela relata la experiencia de un sirio encarcelado durante años en la prisión de Tadmur y se convirtió en un testimonio literario de las condiciones de las cárceles sirias.

“Éramos allanados regularmente, así que no podíamos publicar nada sin aprobación.”
—Wahid Taja, trabajador de la editorial Dar al-Fikr, citado por The Guardian.

los libreros tenían que seguir un laberinto de reglas poco claras, siempre nerviosos por qué libros podrían meterlos en problemas debido al temor constante a la confiscación o el arresto arbitrarios. Alaa El-Sayed, un abogado convertido en librero que dirige la Casa de los Documentos Históricos en Alepo, era consciente de los duros castigos del régimen y solicitó una lista completa de los títulos prohibidos cuando abrió su tienda.

Alaa explicó a The New Arab que descubrió que no existía una lista oficial de obras prohibidas, ya que los servicios de seguridad mantenían esta información en secreto y buscarla podía ser peligroso. Según relató, esta falta de transparencia formaba parte de un sistema más amplio de control sobre la vida intelectual, en el que la censura formal del Ministerio de Información se combinaba con el temor constante a detenciones y represalias.

Literatura religiosa, pensamiento político y cultura kurda

La censura también alcanzó textos religiosos. Obras de pensadores islámicos como Ibn Taymiyya y publicaciones relacionadas con corrientes islamistas fueron restringidas durante el gobierno de Assad, debido al temor del régimen a movimientos políticos y religiosos independientes de su control. Después de su caída, varios de estos títulos comenzaron a exhibirse nuevamente en las librerías y ferias de la capital.

Los libros prohibidos en Siria también incluían publicaciones vinculadas con la identidad kurda. Durante décadas existieron restricciones sobre materiales publicados en kurdo y sobre obras relacionadas con la historia y cultura de esta comunidad. En la Feria Internacional del Libro de Damasco de 2026, textos kurdos pudieron exhibirse públicamente en un contexto político diferente al del antiguo régimen.

Este cambio en la disponibilidad de libros marca un giro en la política editorial de la capital, aunque la normalización cultural sigue ligada a las tensiones políticas de la transición. Mientras las obras se venden en Damasco, las comunidades kurdas continúan negociando su autonomía y derechos territoriales frente a las nuevas autoridades, lo que mantiene la circulación de su literatura supeditada al frágil equilibrio de poder en el país.

Del ocultamiento a las librerías de Damasco

La recuperación de los libros prohibidos en Siria no comenzó únicamente con la biblioteca de Abu Bilal, pues en Daraya, un suburbio de Damasco sometido durante años a un intenso asedio, jóvenes rescataron miles de ejemplares de edificios destruidos y crearon una biblioteca subterránea que llegó a reunir más de 14.000 libros. Este proceso cobró nuevo impulso desde 2025, cuando librerías de Damasco comenzaron a ofrecer obras que antes estaban prohibidas o solo podían conseguirse de manera clandestina, mientras que la Feria Internacional del Libro de Damasco de 2026 exhibió textos políticos, religiosos y kurdos.

Estos cambios representan una ruptura con décadas de restricciones sobre la circulación de ideas, aunque garantizar la libertad cultural requiere proteger de forma permanente la libertad de expresión, el acceso al conocimiento y el derecho de las comunidades a preservar su memoria. Al mismo tiempo, el proceso que las actuales autoridades sirias presentan como una “transición” también genera preocupación entre distintos sectores de la población, en particular por el papel de fuerzas extranjeras, las decisiones de las nuevas autoridades y otras condiciones políticas y de seguridad que han provocado protestas y cuestionamientos.

La defensa de la libertad cultural no puede depender de quién ejerza el poder, sino de garantías que protejan los derechos de la población frente a cualquier forma de censura, persecución o imposición.

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