HERAT, AFGANISTÁN. Decenas de mujeres afganas fueron detenidas en los últimos días en la ciudad de Herat, al oeste de Afganistán, acusadas de incumplir las estrictas normas de vestimenta impuestas por el régimen talibán. Las redadas, confirmadas este lunes por la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), ocurrieron tras una nueva campaña de vigilancia impulsada por el Departamento para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, organismo encargado de hacer cumplir las restricciones que limitan la vida de las mujeres en el país.
Las detenciones fueron denunciadas inicialmente a través de redes sociales por activistas y habitantes de Herat. Videos difundidos en internet muestran a mujeres siendo conducidas por agentes de la llamada “policía de la moralidad o moral” hacia vehículos oficiales. Aunque las cifras varían según las fuentes, medios locales como Hasht-e Subh reportaron entre 40 y 50 arrestos, mientras que otros medios mencionaron alrededor de una veintena. En todos los casos, los testimonios coinciden en que las mujeres ya se encontraban cubiertas con prendas consideradas tradicionalmente aceptables en la región.
La UNAMA expresó su preocupación por las detenciones y recordó a las autoridades de facto que todas las personas tienen derecho a la libertad de movimiento y a la igualdad ante la ley. Sin embargo, los talibanes en Herat negaron públicamente los arrestos y calificaron las denuncias como “rumores”, pese a la existencia de material audiovisual y múltiples testimonios que apuntan en sentido contrario.
Una nueva escalada contra las mujeres
Las redadas ocurrieron pocos días después de que las autoridades talibanes emitieran una advertencia pública en Herat. En ella señalaron que cualquier mujer que apareciera en espacios públicos mostrando el rostro, utilizando maquillaje o incumpliendo su interpretación del “hiyab adecuado” podría ser arrestada y encarcelada.
Aunque los talibanes suelen utilizar el término hiyab, sus exigencias van mucho más allá del uso de un velo. Hay que entender que un hiyab adecuado para ellos es la burka. Las normas impuestas obligan a las mujeres a cubrir completamente su cuerpo con prendas amplias, preferentemente negras o celeste, y a ocultar también el rostro. En Herat, históricamente muchas mujeres han utilizado abrigos largos y pañuelos que cubren cabello y cuello, una práctica común en distintas regiones de Asia Occidental y el mundo árabe. Sin embargo, incluso estas formas tradicionales de vestir están siendo cada vez más cuestionadas por las autoridades.
La ley de moralidad aprobada por el régimen en 2024 y modificada más agresivamente en 2026 consolidó estas restricciones y otorgó amplios poderes a los organismos encargados de vigilar el comportamiento de las mujeres. Organizaciones de derechos humanos han advertido que estas medidas no responden a principios religiosos universales, sino a interpretaciones extremas utilizadas para controlar la presencia femenina en la vida pública.
El peso de más de 140 restricciones
Desde que los talibanes retomaron el poder en agosto de 2021, las mujeres afganas han enfrentado una ofensiva sistemática contra sus derechos fundamentales. Naciones Unidas ha documentado más de 140 decretos, órdenes y regulaciones dirigidas específicamente a limitar la educación, el trabajo, la movilidad y la participación pública de las mujeres y niñas.
Afganistán continúa siendo el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido estudiar más allá de la educación primaria. Según datos de ONU Mujeres, aproximadamente el 80 % de las mujeres afganas han sido excluidas del mercado laboral. Además, tienen prohibido desempeñarse en numerosas áreas profesionales, incluyendo la administración pública, el sistema judicial, organizaciones no gubernamentales y agencias de Naciones Unidas.
Las restricciones también alcanzan la vida cotidiana. Las mujeres tienen prohibido ingresar a parques, gimnasios, baños públicos y numerosos espacios recreativos. En muchas circunstancias no pueden desplazarse sin la compañía de un familiar varón, conocido como mahram.
La situación genera preocupación sobre el futuro del país. Un informe reciente de UNICEF advirtió que, si continúa la prohibición educativa para las niñas, Afganistán podría enfrentar para 2030 un déficit de más de 25.000 profesionales femeninas en sectores esenciales como la educación y la salud.
Mujeres que resisten al silencio
A pesar de la represión, activistas, periodistas y mujeres afganas dentro y fuera del país continúan documentando los abusos y denunciando las políticas discriminatorias del régimen. Las redes sociales se han convertido en una de las pocas herramientas que permiten visibilizar las violaciones a los derechos humanos que ocurren lejos de la atención internacional.
Las recientes detenciones en Herat reflejan una realidad que millones de afganas enfrentan diariamente: el riesgo constante de ser castigadas por ejercer derechos tan básicos como caminar por la calle, estudiar, trabajar o decidir cómo vestir.
Mientras la comunidad internacional debate relaciones diplomáticas y acuerdos migratorios con las autoridades talibanes, las mujeres afganas continúan pagando el costo más alto de un sistema que busca excluirlas de la vida pública. Sus voces, sin embargo, siguen abriéndose paso entre la censura y el miedo.
Porque cada arresto, cada prohibición y cada intento de silenciarlas también encuentra resistencia. Y mientras las mujeres afganas continúen denunciando, organizándose y reclamando sus derechos, su lucha seguirá siendo una memoria viva que el mundo no puede permitirse ignorar.
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