En la ciudad de Haripur, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, mujeres transgénero paquistaníes fueron golpeadas, humilladas públicamente y arrestadas por la policía tras realizar una protesta pacífica contra la prohibición de espectáculos de danza nocturna, una de las pocas fuentes de sustento económico que aún conserva la comunidad. La manifestación ocurrió luego de semanas de presión ejercida por sectores ultraconservadores, comités tribales y clérigos locales que buscan impedir su participación en bodas y celebraciones tradicionales.
Videos difundidos por activistas y organizaciones civiles mostraron a agentes policiales utilizando porras de madera para dispersar a las manifestantes desarmadas. En las grabaciones también se observa a oficiales jalando del cabello a varias mujeres trans, abofeteándolas y arrastrándolas hacia vehículos policiales. Más de 15 manifestantes fueron detenidas durante el operativo y posteriormente liberadas tras fuertes críticas públicas y presión de activistas de derechos humanos.
La protesta surgió como respuesta al creciente cierre de espacios laborales para las mujeres transgénero en la provincia. En Pakistán, y especialmente en Khyber Pakhtunkhwa, muchas mujeres trans son excluidas del sistema educativo, del empleo formal y de los servicios básicos, por lo que actividades culturales como el baile en bodas y fiestas representan una de las pocas alternativas de supervivencia económica. La prohibición de estos eventos no proviene de una ley federal formal, sino de decretos impulsados por clérigos radicales, jirgas locales y operativos policiales arbitrarios que se justifican bajo argumentos morales o de “seguridad”.
En distritos como Swabi, Mardan y Khyber, organizaciones ultraconservadoras han presionado para prohibir completamente la música y los espectáculos de danza realizados por personas transgénero, alegando que “corrompen a la juventud”. Algunos clérigos incluso han amenazado a familias con negarse a celebrar matrimonios religiosos o rituales funerarios si contratan artistas trans para sus eventos.
Activistas locales denuncian que estas medidas no solo destruyen el sustento económico de la comunidad, sino que también funcionan como mecanismos de expulsión social. “Nos dicen que dejemos de bailar, pero el Estado nunca nos dio otra oportunidad para vivir con dignidad”, expresó una integrante de la comunidad khwajasira en videos difundidos durante las protestas. Varias manifestantes señalaron que estarían dispuestas a abandonar este trabajo si el gobierno garantizara acceso real a educación técnica, empleo y programas de inclusión prometidos en las políticas de derechos humanos.
La violencia contra las personas transgénero en la provincia continúa aumentando. Organizaciones locales y activistas estiman que más de 150 personas trans han sido asesinadas en la última década en Khyber Pakhtunkhwa, mientras cientos más han resultado heridas en ataques armados, agresiones físicas y actos de extorsión. Sin embargo, los responsables rara vez enfrentan consecuencias judiciales.
Uno de los casos más recientes fue el asesinato de Sara, una mujer trans afgana que había migrado a Pakistán. Fue asesinada a tiros y no ha detenidos hasta el momento. Debido a la falta de documentación oficial, su cuerpo no pudo ser repatriado a Afganistán. Farzana, presidenta de la Asociación de Mujeres Transgénero de Khyber Pakhtunkhwa, condenó el crimen y declaró que las personas transgénero “son asesinadas regularmente mientras se les niegan oportunidades para participar en funciones y eventos”.
Tras la difusión de los videos de la agresión policial, el oficial de policía del distrito de Haripur, Shafiullah, anunció la suspensión de todos los agentes involucrados en el operativo y confirmó la apertura de una investigación interna. Según declaraciones oficiales, el funcionario afirmó haber hablado con el DPO del distrito, quien aseguró que los responsables “no serán perdonados” y que el caso será tratado “de acuerdo con la ley”.
Sin embargo, pese a los anuncios institucionales, la indignación entre organizaciones civiles y defensoras de derechos humanos continúa creciendo. Activistas señalan que la violencia contra la comunidad transgénero en Khyber Pakhtunkhwa no es un hecho aislado, sino parte de un patrón sistemático de persecución, humillación y abandono estatal. Diversas voces recordaron que el operativo en Haripur constituye una violación directa al artículo 14 de la Constitución de Pakistán de 1973, el cual garantiza la dignidad humana y prohíbe los tratos crueles e inhumanos.
Mientras las autoridades prometen investigaciones, las mujeres trans khwajasira continúan enfrentando una realidad marcada por la violencia cotidiana, la exclusión económica y el miedo. Aun así, siguen organizándose y protestando para defender su derecho al trabajo, a la dignidad y a existir en el espacio público. En un contexto donde tantas veces se intenta silenciarlas, sus voces continúan resistiendo en una de las regiones más peligrosas del mundo para la comunidad transgénero, donde la impunidad, el extremismo y la violencia estructural siguen poniendo en riesgo sus vidas cada día.
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