Nazimabad, un suburbio residencial de Karachi, se ha convertido nuevamente en el epicentro de la violencia de género. El ataque a una academia de música en Pakistán, ocurrido la noche del 9 de julio de 2026, dejó varias mujeres acosadas, intimidadas y perseguidas por una multitud mientras intentaban huir de un evento familiar con música en vivo.
El ataque, perpetrado por residentes que rechazaban las actividades artísticas del establecimiento, provocó graves daños materiales y obligó a la policía a intervenir para rescatar a una de las mujeres que permanecía atrapada. Aunque las autoridades iniciaron una investigación y realizaron las primeras detenciones, el proceso ya se ha visto empañado por denuncias de presuntas presiones para que las víctimas retiren los cargos.
Una celebración familiar terminó en un ataque colectivo
La academia atacada se encuentra cerca del Gol Market de Nazimabad y es conocida por impartir clases de canto tradicional, música y Qawwali, una expresión artística profundamente ligada a la tradición sufí del sur de Asia. La noche del ataque, el establecimiento celebraba un cumpleaños privado al que asistían familias, estudiantes y artistas invitados.
El propietario de la academia, Shakir Ali, presentó una denuncia formal por vandalismo, amenazas y acoso contra alumnas, trabajadoras e invitadas. Aunque tres sospechosos fueron detenidos, el dueño denunció posteriormente haber recibido presuntas presiones por parte de autoridades y actores políticos locales para retirar los cargos y alcanzar un acuerdo extrajudicial con los responsables.

Los videos difundidos en redes sociales muestran a la cantante Ishrat Malik intentando defenderse con una silla mientras era rodeada por decenas de hombres cerca de un puesto de té. Otra mujer permaneció escondida durante varias horas en un hotel cercano hasta que fue auxiliada por la policía. Los agresores justificaron su actuación acusando a las asistentes de realizar supuestas «actividades inmorales», una versión que posteriormente fue desmentida por las investigaciones policiales.
Ataque a una academia de música en Pakistán expone nuevamente la violencia contra las mujeres
El ataque a una academia de música en Pakistán volvió a evidenciar un patrón recurrente en el país, donde se utilizan argumentos religiosos o moralistas para justificar agresiones contra mujeres que participan en actividades públicas. Organizaciones defensoras de los derechos humanos sostienen que estas acusaciones buscan deshumanizar a las víctimas y presentar la violencia como una supuesta defensa de los valores sociales.
Casos como la agresión masiva contra una creadora de contenido en Minar-e-Pakistan en 2021 o el intento de linchamiento de una mujer en Lahore en 2024, tras ser falsamente acusada de blasfemia, demuestran que este fenómeno no es aislado. En todos ellos, las mujeres fueron atacadas por ejercer derechos fundamentales, como vestir libremente, crear contenido, estudiar arte o participar en espacios públicos y actividades culturales.
Aunque las investigaciones policiales descartaron las acusaciones de «inmoralidad» esgrimidas por los agresores, especialistas en derechos humanos advierten que el daño ya estaba hecho. La narrativa moralizante sirvió para legitimar la violencia, mientras multitudes asumieron el papel de jueces y ejecutores bajo el argumento de proteger la moral pública. El resultado ha sido el mismo en distintos casos, donde las mujeres son acosadas, golpeadas y/o humilladas por ejercer libertades y derechos básicos.
Las leyes existen, pero la impunidad persiste
Pakistán cuenta con un marco legal que sanciona el acoso, las agresiones físicas, las amenazas y otras formas de violencia contra las mujeres. El Código Penal contempla penas para estos delitos y, en los últimos años, las reformas ampliaron la definición de acoso para incluir conductas discriminatorias por razón de género que generen un entorno hostil. Además, en julio de 2026, la Corte Suprema recordó que las autoridades tienen la obligación de actuar de inmediato ante este tipo de denuncias y advirtió que la negligencia institucional también puede ser objeto de sanciones.
En la provincia de Sindh también funcionan mecanismos especializados, como la Celda de Protección de Mujeres y Niños de la Policía y la Oficina del Ombudsperson provincial, creados para garantizar la atención de las víctimas y evitar que las denuncias se diluyan por presiones políticas o sociales.
No obstante, activistas y organizaciones feministas sostienen que el principal problema no radica en la falta de leyes, sino en su aplicación. Las denuncias sobre investigaciones deficientes, presiones para alcanzar acuerdos extrajudiciales y las dificultades para llevar a los responsables ante la justicia alimentan un clima de impunidad que favorece la repetición de estos ataques.
Lo ocurrido en Nazimabad trasciende una agresión aislada. El ataque a academia de música en Pakistán representa una vulneración del derecho de las mujeres a participar libremente en la vida cultural y a ocupar los espacios públicos sin temor a sufrir violencia. La música, la enseñanza artística y otras expresiones culturales forman parte del patrimonio del país, por lo que restringir el acceso de las mujeres a estos ámbitos mediante la intimidación constituye una forma de violencia basada en el género.
Mientras las leyes continúen aplicándose de manera desigual y las víctimas sigan enfrentando obstáculos para acceder a la justicia, episodios como este seguirán repitiéndose.
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