Fátima Muqattam, una adulta mayor palestina, fue hospitalizada este 31 de agosto de 2026 tras ser agredida junto con su esposo, Wajih Hamdan, durante un ataque de colonos israelíes en Burqa, en el distrito de Ramallah, Cisjordania ocupada. La pareja intentó impedir que los atacantes se llevaran parte de su ganado. Sufrió una grave lesión en la cabeza y una marcada inflamación alrededor de uno de sus ojos. Las imágenes y videos de la mujer con la cabeza vendada reflejan una realidad que afecta a numerosas comunidades palestinas, donde la tierra, el agua, los cultivos y el ganado son fundamentales para la subsistencia y la permanencia de las familias en el territorio.
El ataque ocurre en medio de un aumento de la violencia de colonos en Cisjordania. Según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), desde comienzos de 2026 se han documentado más de 1.380 incidentes, que han dejado alrededor de 900 palestinos heridos y más de 2.300 desplazados. Hasta julio, estos ataques habían provocado 18 muertes palestinas, una cifra que ya supera las 17 registradas durante todo 2025.
Una agresión contra una adulta mayor palestina, pero también contra un modo de vida
El caso de Fátima Muqattam también refleja una dimensión de género que trasciende su edad. Las mujeres palestinas de comunidades agrícolas y ganaderas participan en el cuidado del ganado, la producción de alimentos y las tareas domésticas que sostienen a sus familias. Cuando los animales son robados o las tierras se vuelven inaccesibles, también se afecta ese trabajo cotidiano y no remunerado.
La violencia contra las mujeres palestinas en Cisjordania incluye agresiones físicas, psicológicas y verbales, acoso sexual y restricciones de movimiento, según el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW). En este escenario, una agresión como la sufrida por Muqattam no solo afecta a la víctima, sino que puede generar temor entre toda la comunidad y convertir actividades como cuidar el ganado, cultivar o permanecer en tierras familiares en acciones de riesgo.
“A las familias que antes prosperaban y se ganaban la vida con su tierra ahora les resulta imposible comprar suficiente comida.”
— Shaun Hughes, director del Programa Mundial de Alimentos para Palestina.
La violencia de colonos y el desplazamiento de comunidades palestinas
Aunque la escalada de violencia iniciada en Gaza en octubre de 2023 marcó una nueva etapa de intensificación, sería históricamente incorrecto presentar la violencia de los colonos israelíes como un fenómeno surgido después de esa fecha. Cisjordania permanece bajo ocupación israelí desde 1967 y, durante décadas, la expansión de los asentamientos, la confiscación de tierras, las restricciones de movimiento y las agresiones contra comunidades palestinas han transformado progresivamente las condiciones de vida en el territorio.
Burqa forma parte de esta dinámica de ocupación. OCHA documentó en julio ataques contra viviendas e infraestructura, incluidos incendios, vandalismo, lanzamiento de piedras e intentos de irrupción en casas, además de daños a una mezquita y una fábrica comunitaria de productos lácteos. La violencia también puede provocar desplazamiento sin necesidad de causar muertes. El robo de animales, la destrucción de viviendas y sistemas de agua o las restricciones para acceder a tierras agrícolas dificultan la permanencia de las familias. Según OCHA, más de 6.200 palestinos han sido desplazados desde enero de 2023 por ataques de colonos y restricciones relacionadas, incluidos más de 2.300 durante 2026.
La presión sobre estas comunidades ocurre mientras se deteriora la situación económica de Cisjordania. El Programa Mundial de Alimentos anunció el 1 de septiembre que reducirá de 400.000 a 200.000 el número de personas que reciben asistencia alimentaria por falta de financiamiento. Alrededor de 900.000 personas enfrentan inseguridad alimentaria y el 76 % de los hogares ha sufrido una reducción significativa de sus ingresos. En este escenario, el ganado que Fátima Muqattam intentaba proteger representa alimento, ingresos y sustento familiar, por lo que la agresión afecta no solo su integridad física, sino también la economía y la permanencia de su familia en el territorio.
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