Este miércoles 2 de septiembre, una nueva intervención de las fuerzas de ocupación israelíes afectó tierras agrícolas palestinas, luego de que excavadoras militares arrancaran decenas de olivos en la localidad de Arraba, al suroeste de Jenin, según residentes locales y reportes de medios palestinos.
La operación se llevó a cabo en terrenos próximos a la carretera que conecta Arraba con Ya’bad, pocas semanas antes del inicio de la temporada de cosecha, una actividad fundamental para numerosas familias palestinas. Las autoridades y fuerzas israelíes han justificado este tipo de intervenciones con argumentos relacionados con la seguridad de las carreteras y el movimiento de colonos. Para los propietarios palestinos, sin embargo, el desarraigo de los árboles representa mucho más que la eliminación de vegetación, ya que implica la pérdida de una fuente de ingresos, el deterioro de tierras agrícolas y nuevas restricciones para permanecer y trabajar en sus propios terrenos.
Activistas y organizaciones defensoras de los derechos humanos han denunciado que la destrucción de cultivos y olivos forma parte de un patrón más amplio que busca debilitar el arraigo palestino, ampliar el control sobre las tierras y aumentar la presión sobre las familias que viven y trabajan en ellas.
La dimensión del operativo resulta especialmente significativa porque las labores de desmonte y arranque no se limitan a unos cuantos árboles aislados. El alcalde de Arraba, Ahmed al-Arda, declaró a la agencia palestina WAFA que las operaciones abarcan alrededor de 223 dunams y que, en algunos puntos, las excavadoras trabajan entre 40 y 50 metros a ambos lados de las carreteras. También señaló que los propietarios de aproximadamente 1.500 dunams cercanos al asentamiento de Mabo Dotan tienen prohibido acceder a sus tierras desde 2023.
Olivos palestinos arrancados antes de la temporada de cosecha
El momento de la intervención adquiere especial relevancia porque la cosecha de aceitunas, que suele desarrollarse durante el otoño, constituye una actividad económica, social y cultural de enorme importancia para las comunidades palestinas. En Arraba, agricultores denunciaron que la destrucción se produjo cuando los árboles se preparaban para la temporada de producción y las familias se disponían a recoger una cosecha de la que dependen para obtener ingresos.
La Organización de las Naciones Unidas ha documentado durante años cómo las restricciones de acceso, la violencia de colonos y los daños contra los árboles afectan directamente la producción agrícola palestina. OCHA señaló que, durante la cosecha de 2023, más de 96.000 dunams de tierras cultivadas con olivos en Cisjordania quedaron sin cosechar debido a restricciones de acceso. Durante ese mismo periodo, documentó 113 incidentes relacionados con la cosecha, incluidos ataques, daños a árboles y robo de productos y herramientas.
El desarraigo de olivos se inserta así en un patrón más amplio de afectación de las tierras agrícolas palestinas, en el que confluyen restricciones de movilidad, controles sobre el acceso a terrenos, expansión de asentamientos y violencia contra agricultores.
“La cosecha de aceitunas es un acontecimiento económico, social y cultural clave para los palestinos.” — Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Arraba: tierra, asentamientos y control territorial
Cisjordania permanece bajo ocupación israelí desde 1967 y a lo largo de las décadas, el territorio ha experimentado una expansión de los asentamientos israelíes y la consolidación de un complejo sistema de restricciones que condiciona el acceso palestino a tierras agrícolas situadas cerca de asentamientos, carreteras y otras zonas bajo control militar.
En Arraba, las autoridades palestinas denunciaron que las operaciones de desmonte se desarrollan precisamente en un contexto de construcción y expansión de asentamientos. El 1 de septiembre, un día antes de las nuevas denuncias, WAFA informó que fuerzas israelíes ya habían arrancado decenas de olivos a ambos lados de la carretera entre Arraba y Ya’bad, incluidos árboles maduros y otros recientemente plantados.
El problema adquiere una dimensión mayor cuando la destrucción agrícola coincide con una pérdida progresiva del acceso a la tierra. Cuando una familia no puede llegar regularmente a sus cultivos, tampoco puede podarlos, fertilizarlos ni recoger sus frutos. Si posteriormente los árboles son arrancados, la afectación deja de ser exclusivamente económica y modifica las condiciones materiales que permiten a esa comunidad permanecer y trabajar en el territorio.
OCHA ya había advertido que las restricciones asociadas con los asentamientos y con la barrera israelí perjudican actividades agrícolas esenciales durante todo el año. En algunas zonas del norte de Cisjordania, la productividad de los olivos ubicados en áreas de acceso restringido ha sido considerablemente menor que la de árboles comparables situados en terrenos accesibles.
Una práctica con consecuencias que trascienden los árboles
Reducir lo ocurrido a la cifra de árboles arrancados puede ocultar su dimensión humana. Un olivo puede tardar años en alcanzar una producción significativa y algunos de los árboles afectados en Cisjordania son antiguos, además de formar parte de explotaciones familiares transmitidas entre generaciones. Su destrucción puede representar la pérdida de años de trabajo e inversión agrícola y reducir de manera inmediata los ingresos de las familias.
Cada olivo arrancado representa, por tanto, mucho más que una pérdida agrícola. Para muchas familias palestinas, estos árboles forman parte de una herencia cultural vinculada con la tierra, la memoria y la identidad. Su destrucción implica no solo una pérdida económica, sino también la ruptura de una relación con el territorio construida y transmitida durante generaciones.
Esta dimensión adquiere todavía mayor relevancia al considerar que el derecho internacional humanitario establece obligaciones específicas para la potencia ocupante respecto de la población y los bienes existentes en un territorio ocupado. La protección de la propiedad y de los medios de subsistencia de la población civil constituye una cuestión distinta de las justificaciones de seguridad y debe analizarse dentro del marco jurídico aplicable a la ocupación.
En Arraba, el arranque de los olivos vuelve a poner en evidencia cómo la afectación de tierras agrícolas puede tener consecuencias que van mucho más allá de la pérdida inmediata de los árboles: afecta los medios de vida, limita el acceso a la tierra y profundiza la presión sobre comunidades palestinas que dependen de la agricultura para sostener su permanencia en el territorio.
Fuentes principales: Reuters, WAFA y Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
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