El régimen talibán enfrenta una grave crisis en los sectores educativo y sanitario, por lo que solicitó a Turquía el envío de profesores universitarios y médicos especialistas para reforzar las instituciones académicas y hospitalarias del país. La petición, realizada por el ministro de Educación Superior de facto, Nida Mohammad Nadim, refleja la escasez de personal cualificado que afecta a Afganistán desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021.
La solicitud fue presentada el martes durante una reunión con el embajador de Turquía en Kabul, Cihad Erginay Sadin Ayyildiz. Además del envío de profesores y médicos, las autoridades afganas pidieron apoyo para rehabilitar dos edificios del Hospital Universitario Aliabad, equipar hospitales universitarios y ampliar la cooperación académica entre ambos países.
Aunque el diplomático turco manifestó disposición para fortalecer la colaboración científica mediante acuerdos entre universidades, hasta el momento no existe confirmación de que Ankara vaya a enviar docentes o especialistas médicos, como solicitó el régimen talibán.
Régimen talibán enfrenta una crisis de talento
La petición realizada por las autoridades talibanes pone de manifiesto una realidad que académicos, organizaciones internacionales y profesionales afganos vienen denunciando desde hace años: Afganistán atraviesa una de las peores crisis de capital humano de su historia reciente.
Tras el regreso del régimen talibán al poder en agosto de 2021, miles de profesores universitarios, investigadores, médicos especialistas, científicos y profesionales altamente cualificados abandonaron el país. Muchos huyeron debido al deterioro económico, la incertidumbre política, la reducción de oportunidades laborales y el temor a las nuevas restricciones impuestas por las autoridades.
A la fuga de talento se suma la salida de numerosos docentes experimentados y la incorporación de personas con escasa trayectoria académica en distintas universidades, una situación que diversos analistas atribuyen a nombramientos basados en afinidades ideológicas antes que en criterios científicos. El resultado ha sido un deterioro progresivo de la calidad de la enseñanza superior, la investigación y la formación médica.
La exclusión de las mujeres profundiza la crisis educativa y sanitaria
Sin embargo, la falta de especialistas no puede entenderse únicamente como consecuencia de la emigración de profesionales. Las propias políticas del régimen talibán han contribuido directamente al debilitamiento del sistema universitario.
Desde diciembre de 2022, las autoridades prohibieron el acceso de las mujeres a las universidades afganas, expulsando de las aulas a miles de estudiantes y afectando también a profesoras, investigadoras y futuras profesionales de sectores estratégicos como la medicina, la enfermería y la salud pública.
Las consecuencias van mucho más allá del ámbito académico. En amplias regiones de Afganistán, las normas sociales y religiosas dificultan que las mujeres sean atendidas por médicos hombres, por lo que impedir la formación de nuevas médicas y especialistas agrava el acceso a la atención sanitaria, especialmente en las zonas rurales.
La contradicción resulta evidente: mientras el régimen talibán solicita apoyo internacional para cubrir la escasez de docentes y médicos, mantiene vigentes políticas que impiden que millones de mujeres puedan convertirse precisamente en las profesionales cuya ausencia ahora reconoce.
Castigados por defender la educación
La represión del régimen talibán no se ha limitado a prohibir el acceso de las mujeres a las universidades. También ha alcanzado a quienes han intentado defender el derecho a la educación o mantener vivo el acceso al conocimiento dentro de Afganistán.
Uno de los casos más emblemáticos es el del profesor universitario afgano Ismail Mashal, quien en diciembre de 2022 protagonizó una protesta simbólica contra la prohibición impuesta a las estudiantes universitarias. Frente a las cámaras de televisión rompió sus títulos académicos originales como rechazo al sistema educativo instaurado por el régimen talibán.
«Si mi hermana y mi madre no pueden estudiar, yo no acepto este sistema educativo», declaró entonces, en un gesto que rápidamente se convirtió en símbolo de resistencia dentro y fuera del país.
Lejos de abandonar Afganistán, Mashal decidió permanecer en Kabul y continuar su protesta de manera pacífica. Construyó un pequeño carrito de madera con el que recorría las calles repartiendo gratuitamente miles de libros de su biblioteca personal, convencido de que la educación debía seguir siendo un derecho para toda la población.
Su activismo tuvo consecuencias. En febrero de 2023 fue arrestado y golpeado públicamente por combatientes talibanes mientras distribuía libros. Las autoridades lo acusaron de realizar «acciones provocativas» y de difundir propaganda contra el gobierno. Tras permanecer 32 días en prisión y luego de una intensa presión internacional encabezada por organismos como Amnistía Internacional y las Naciones Unidas, fue puesto en libertad. Desde entonces mantiene un perfil muy discreto por razones de seguridad.
Otro caso que ilustra la persecución contra quienes promueven el conocimiento es el de la bloguera, estudiante de Sociología y librera afgana Khatera Jami, desaparecida tras ser detenida por miembros del régimen talibán en Herat. Después del cierre de las universidades para las mujeres, Jami impulsó una plataforma digital de venta de libros y abrió un café-librería que funcionó como un espacio de aprendizaje y encuentro para mujeres y jóvenes excluidas de las aulas.
Ambos casos reflejan que, en el Afganistán gobernado por el régimen talibán, no solo se restringe el acceso a la educación, sino que también se castiga a quienes intentan preservar el conocimiento, fomentar la lectura y defender la libertad académica frente a las crecientes restricciones impuestas por las autoridades de facto.
Turquía ante un delicado equilibrio diplomático
La respuesta de Turquía también será observada con atención por la comunidad internacional. Ankara mantiene relaciones diplomáticas y de cooperación con las autoridades de facto en Kabul, especialmente en áreas humanitarias y técnicas, aunque no ha otorgado un reconocimiento formal al régimen talibán.
Durante la reunión, el embajador turco manifestó la disposición de fortalecer la cooperación científica mediante vínculos entre universidades turcas y afganas, así como la firma de memorandos de entendimiento. No obstante, el comunicado oficial no aclaró si Turquía enviará profesores o médicos especialistas como solicitó el ministro afgano.
Este escenario plantea un desafío complejo para cualquier país que pretenda colaborar con el regimen. La asistencia internacional puede aliviar necesidades urgentes de la población, pero también genera interrogantes sobre cómo evitar que esa cooperación termine fortaleciendo instituciones responsables de políticas ampliamente denunciadas por organismos internacionales como discriminatorias y violatorias de los derechos humanos.
Las universidades representan mucho más que espacios de formación profesional. Constituyen lugares donde circulan el pensamiento crítico, la investigación científica y la libertad académica, elementos que han sufrido un progresivo deterioro bajo el actual régimen.
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